CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Aclarando el panorama internacional

Donald Trump no le está haciendo ningún favor a Rusia por sacarla del enredo en Ucrania. Ni tampoco es que Trump se metió a pargo después de viejo y resulta que ahora está enamorado de Vladimir Putin. ¡Nada que ver!

Trump necesita a una Rusia medianamente fuerte e intimidante para “balancear” a una fortísima República Popular China.

Trump sabe perfectamente que una Rusia débil y disminuida, es muy malo para América.

Una Rusia puesta en evidencia como una potencia muy reducida, es muy malo para América, porque una Rusia humillada, golpeada y sin salidas para su flota hacia aguas calientes, sería muy bueno para China.

Porque su problema no es Rusia. Su rollo se llama China. A quien pretende enfrentar es a China, que se le fue de las manos a Estados Unidos hace muchísimo tiempo.

Él sabe lo que todo el mundo conoce. La potencia atómica rusa, luego del rotundo fracaso que significó la Unión Soviética es muy malo para América, pero muy bueno para la actual China.

Trump sabe, como lo sabe todo el mundo, que la Rusia de hoy en día tiene que alquilar a mercenarios del chiflado de Corea de Norte para pelear sus guerras. Perdió a Siria, por lo cual debe hacerse cada vez más amigo de los eternos perdedores que son los fundamentalistas iraníes, con el único propósito de tratar de meter más miedo a una parte cada vez más reducida del mundo. Y, finalmente, protegerse como un gato panza arriba de los europeos, que buscan rodearla con bases de la OTAN, apuntando sobre sus cabezas para dejarla como un simple proveedor de gas.

No es casual la reiterada insistencia en la narrativa de Donald Trump sobre los acuerdos que hicieron invencibles a los Tres Grandes durante la Segunda Guerra Mundial.

Estados Unidos, Inglaterra y la Rusia de Stalin hicieron posible el triunfo de los aliados sobre la Alemania de Hitler y sobre el Japón de Hirohito. Sin el esfuerzo coordinado de ellos tres no habría sido posible convertir tanto a Japón como a Alemania en polvo.

Trump necesita nuevamente a Rusia como gran aliado. Necesita tanto a Rusia, como es inevitable la confrontación de América con China. Ambos gigantes están moviendo sus piezas del tablero antes de enfrentarse abiertamente. Lo cual, roguemos todos a Dios, que nunca suceda en el campo militar.

Por eso es que entre el inventario con que cuenta China, se encuentra Europa, que tiene más negocios e inversiones en ese país, que aquellas con que cuenta dentro de su propio continente.

El empleo profundo de una muy económica tecnología de naturaleza sucia, el uso extensivo de mano de obra ultra barata, así como la disponibilidad de todo tipo de recursos para la producción, forman parte del menú que le sirve el Partido Comunista de los Trabajadores de China a la industria y a las finanzas europeas que funcionan dentro de China.

Obviamente los chinitos no pueden estar contentos con que Ucrania-Europa pierda hasta la camisa en este trance a favor de Rusia. Recordemos: una Rusia vivita y coleando es un estorbo para China. Y una Rusia aliada otra vez con los norteamericanos podría ser mucho peor para China.

El espacio que deje Rusia es un espacio que se cogerá el doctor Fu-Man-Chu para el Partido Comunista de los Trabajadores de China. Y eso, para la América con que sueña Donald Trump, NO conviene.

De manera que confrontar a los europeos o comprarlos a pedazos y no como una “Comunidad” será el siguiente paso de la política exterior norteamericana. No por arrechera, sino por simple negocio, por conveniencias.

Solo muchos perdedores, muchos mantenidos buenos para nada son los países que están detrás de la potente Alemania y de la rebelde Francia. Donald Trump seguramente planea tragarse la torta de Europa no de un solo bocado; más bien piensa que se la comerá a pedazos y hasta la pedirá para llevar…

Y en ese gran reparto está metida Venezuela. Los cubanos, que saben de eso, fueron quienes les hicieron a las cucarachas del siglo XXI el lobby con los americanos. Todo esto es muy complicado para unos elementales vendedores de cocaína, como lo son aquellos que tiene bajo control a nuestro país. ¡Mucho camisón para Petra!

Porque se avecina una nueva “América para los americanos”, al mejor estilo del viejo presidente Teddy Roosevelt. Trump pretende echar el reloj para atrás, retrocediendo la historia hasta llevarla a principios del siglo XX. Y estos desgraciados del siglo XXI ya han hecho planes para meterse en la máquina del tiempo bien apretaditos con quien sea.

El asunto es que, y ya aterrizando, no estamos en los tiempo de Juan Vicente Gómez. En Venezuela hay mucho que decir y mucha más gente que los siete mamarrachos de la oposición electorera y tarifada que se han compuesto con el régimen de Miraflores para, garantizando su perpetuación en el poder, caer parados en este nuevo gran reparto mundial que ya se está cocinando.

En Venezuela el problema ya no es si Edmundo viaja mucho o poco. Como tampoco es crucial discutir si el presidente electo está haciendo cosas útiles o no para el país haciendo lo que hace; y, en especial, no haciendo lo que hasta ahora no ha hecho.

Tampoco el problema de la Venezuela de los próximos cien años consiste nada más en los planes secretísimos y en las rabietas y pataletas que agarra María Corina a cada rato.

El asunto es que para Venezuela y para todos los venezolanos esta vez nos estamos jugando las de Rosalinda. ¡Ahora sí! Por eso, señores: ¡Tenemos que hablar!

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