ENTRE PAISAS

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us
Luego de tres años sin nadie, el embajador colombiano recién nombrado para Caracas por el gobierno de Gustavo Petro tampoco trajo algo.
Con la entrega de sus credenciales y el show con el sombrero de ballenatero que dio el ridículo de su paisano Maduro, se termina de cerrar el capítulo de lo que pudo haber sido pero nunca fue.
De señalamientos estúpidos e insultos insípidos no pasó la ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos países. Juan Guaidó y los suyos usaron, hasta que les supo a bueno, a Colombia para llevar a cabo buena parte de las sinvergüenzuras que todos les conocemos. Pusieron embajador en ese país, saquearon a Monómeros, hicieron conciertos y hasta se disfrazaron de valientes. Convirtieron a Colombia en un santuario de protección para ellos y para sus enchufados.
Mientras, miles de venezolanos desesperados deambularon por las fronteras, con destino al Sur primero y al Norte después. Siempre sin un plato de comida, siempre sin asistencia real; pero con mucha propaganda, políticos, representantes y senadores americanos y hasta actrices de Hollywood tomándose fotos con nuestras desgracias.
Se pudo y se debió haber hecho mucho más de lo que se hizo, que fue bien poco. Por el país y por la gente que salió para no regresar a Venezuela, que atravesó Colombia, o que se quedó, legal o escondida, como hace años millones de colombianos lo hicieron en Venezuela.
La culpa no puede cargársele al presidente Duque, a su política exterior o a la acción de su gobierno con relación a nuestra frontera.
Las joyitas que hicieron del “interinato” una industria del delito impune tampoco ayudó. Hasta los remedios para los enfermos o las formulas maternizadas que recibieron como donaciones terminaron en el mercado negro de Cúcuta, como por arte de magia.
Yo no espero nada del actual gobierno de Colombia que ayude a la recuperación de las libertades de nuestro país, Venezuela.
Lo del embajador era noticia esperada. Lo de la ausencia de embajador, fue, en cambio, una oportunidad desperdiciada.



