La dignidad, reina de las virtudes


Regresé a Venezuela con lo que llevo encima y con lo único que tengo: ¡mi familia y mis amigos! Nueve años con cédula vencida. No conocía que en el Metro solo funcionan las tarjetas. Me tocó recuperar la cuenta que lleva años vacía. De la licencia, ni me preocupo; sin carro, dependo del Metro, los amigos que me llevan y las camionetas.
Para todo lo demás, el chinchorro colgado en la sala de mi hermana Flor, su buena cocina y siempre en compañía. Total, que me muevo por Caracas con destino y propósito. Por eso: ¡Si pido calle, es porque yo también estoy en la calle!
Debe ser la luz y el sol de la Caracas que tanto quiero; pero se ve el país mucho peor de lo que se ve desde afuera. La gente no tiene trabajo. La gente, el pueblo con el que ando, pasa los días completos buscando medio para completar un real. Y, sin embargo, es imposible no sentir, no mirar, la dignidad con que funciona el venezolano.
Ese venezolano de las primeras horas de la mañana. Esa Venezuela de la gente que sale día tras día a ver que logra hacer, para convertir su vida en un triunfo, porque el caraqueño no pierde la fe; el olor bonito de recién bañado, la sonrisa fácil, aun cuando
no sea feliz. Este es un tronco de pueblo. Y claro que nos merecemos mucho más de lo que todos estos rufianes, de lado y lado, nos han quitado.
Ahora imagínense ustedes lo que podría volver a ser una Venezuela con esa vocación de triunfo, con esa sed de vida, con las oportunidades que llevan más de 30 años secuestradas por una dirigencia mediocre y chucuta.
¡Nadie nos pararía! Venezuela: ¡tenemos que salir de este atolladero!
www.venezuelainformativa.us no se hace responsable de las opiniones que aquí se publican. Es total responsabilidad del escritor



