Opinión

El problema fuera de contexto

Alfredo Rafael Mosqueda* / Venezuela RED Informativa.us

Estando en medio de las páginas del libro «Nueva Estrategia del Golpe de Estado. El Caballo de Troya», de Bayardo Ramírez Monagas, me detuvo esta brevísima e impactante sentencia; «Texto sin contexto no es preciso», atribuida al académico y semiólogo italiano Umberto Eco.

Es prácticamente un inoxidable enlace que se gráfica en un principio semiótico de la comunicación y su notorio efecto en la sociedad, cuando se interpreta de manera concisa que el texto debe ir dentro del contexto por la ineludible razón de que las palabras sólo tienen sentido en el seno de su contexto o declarado; percibir que las circunstancias son las que siempre terminan desafiando la lógica impura de la conveniencia, debido a que aquellas juegan al marcado sentido de lo relatado en el texto.

Por instancia propia, tomé un expositivo fragmento sobre la percepción de Bertrand Russell, que me atreví a separarlo de la siguiente manera, con el atento objetivo de entender su influyente significado.

TEXTO: El tigre, el león y la pantera son animales ofensivos, en cambio las gallinas, los gansos y los patos son animales altamente peligrosos.

CONTEXTO: Una lombriz diciéndole a sus hijos.

La anterior narrativa implica que el hecho se sitúa en lo más íntimo de las eventualidades, las cuales representan el conjunto de elementos de todo lo que está en torno a uno, no permitiendo otra conclusión que la incapacidad de saberse cómo, cuándo, dónde y por qué suceden los eventos, todos ellos ubicados dentro de una insondable SITUACIÓN, que por estricta definición «es aquella que abarca la totalidad concreta de las circunstancias, que conforman el espacio social donde se interactúa con el otro. Y donde lo estratégico, no es la totalidad del contexto, sino lo más relevante para la acción del actor». Justo allí se refugia la simple esencia de no percibir si andamos o no con visión desenfocada, quedando a merced de esas ideas ya vencidas, que no producen otro efecto que empobrecer los conceptos. Rescato con rigurosidad el significado de situación, porque he venido observado que un grupo de “estrategas, políticos y analistas lo desmeritan” con arrogante frecuencia, ignorando a niveles escandalosos que sin teoría de situación no puede haber estrategia, expresado en un lenguaje menos técnico, ésta última queda prácticamente anulada.

El contexto-situación caracteriza el escenario, donde se desarrolla un hecho sobrevenido por el fantasma de la incertidumbre, en el que debemos afrontarlo con mesura al momento de evaluar esa impredecible diferencia entre lo que se quiere que suceda y lo que realmente sucede. Es la aguda distinción que nos va a orientar a no tener una apreciación situacional tan distorsionada de la realidad, en virtud de que estamos lidiando con factores clave ajenos a todo cálculo y que predominan en el análisis estocástico, una exigencia propia de la teoría de los eventos por ser variables ocultas o futuras, en concreto, no son más que esos parámetros que no logramos ver por estar fuera del pizarrón, de nuestro mapa cognitivo, o simplemente no disponibles en manuales, fórmulas o recetas, pero sí conceptualizado en planificación estratégica situacional (PES) como la condición anómica; Cuando alguien no percibe la totalidad concreta, sino en parte, de manera aislada y no dentro de un sistema. Ejemplo, cuando consideramos como única opción, la variable que se nos presenta revestida de lógica, desestimando todas las demás, por estar obcecados al aferramiento de un desactualizado sistema de creencias, como parte indisociable de nuestro conocimiento escolar, acción que nos conduce inequívocamente a ser superados por las circunstancias.

El asunto en sí, es que nos resistimos a lo no convencional o al paradigma de la complejidad, el mismo que propone recurrir a la ciencia moderna en ocasión a que estos emergentes problemas y provocados por los fenómenos globales de esta generación, le exige a los actores políticos y sociales un nuevo enfoque con racionalidad múltiple o científica, y no una aprehensión focal doméstica, exhibiendo en contraste un modelo transclásico y poco replicado, con lo que exhorta sin retraso alguno, a estudiar y reexaminar no solo los temas, sino también los problemas; surgiendo así, la novedosa curiosidad de los temas-problemas.

Expongo de manera concluyente que debemos optar por otras instancias de referencias como la lógica policontextural, con el visible fin de superar el arraigado dualismo de verdadero o falso del positivismo lógico. Es crucial entender que no podemos resolver ningún tipo problemas, si identificamos sus causas en planos equivocados. Porque en ese instante estamos armando un falso problema, que nos persuade a imaginar una falsa solución, alterando caóticamente el estado natural de las cosas, por tener una visión desconectada de la realidad. Magno y preocupante ejemplo; sería como que si en el borrascoso y globalizado ámbito político, tomáramos las causas generadas por un totalitarismo del milenio, como aparato de poder y las ubicáramos en el republicano contexto de una ancestral dictadura romana. Surge la pregunta del jurado. ¿Cuándo se va a resolver el problema? Obviamente, nunca, porque en ese momentum, el conflicto alcanza una alta improbabilidad de resolución, tal proyecto quijotesco. En consecuencia todas las estrategias que usemos en esta escena resultarán desastrosamente erradas.
Dedico este artículo al reputado jurista venezolano Bayardo Ramírez Monagas, apreciado amigo y distinguido mentor en las materias de: Delincuencia Organizada Transnacional, Terrorismo Internacional, Prevención y Control de Legitimación de Capitales y Planificación Estratégica Situacional. Sin duda alguna, su sabiduría y dedicación para conmigo han sido fundamentales en la formación académica y en el desarrollo profesional. Mi elevada gratitud para con él.

*Abogado

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