¡Qué pena con ese señor!


Después de 9 años de exilio en Estados Unidos, me precio en conocer al pueblo norteamericano.
A hombres y mujeres, en sus grandes mayorías, también les toca el triste espectáculo que ofrece la administración de Donald Trump para con Venezuela. El representante del gobierno federal firma con la dictadora encargada, puesta por la misma Casa Blanca, el intento de robarle a un país indefenso un 1/3 de sus riquezas petroleras.
Nuevamente, otro convenio “milagroso”, pero solo para quienes lo firman, busca hacer del patrimonio de toda Venezuela una piñata para una sola persona.
De cara al mundo, y con el par de riñones que le caracterizan, quien cree ser el nuevo dueño de Venezuela le manda a decir a los venezolanos y al mundo que “Venezuela no está lista para realizar ningún tipo de elecciones” y que las riquezas del subsuelo pasan a ser propiedad de la Casa Blanca y sus mafiosos, para que el pueblo continue bailando en las calles de felicidad.
Durante casi 30 años Venezuela se ha tenido que tragar a otros tantos rufianes que se han robado también nuestro crudo a través de acuerdos energéticos, que igualmente se suponía tenían que beneficiar al pueblo venezolano.
¡Ese mismo pueblo que hoy se encuentra en la más completa ruina! El pueblo y el congreso norteamericanos tienen que reaccionar. Así no se hacen las cosas. No se tapa un desastre en la otra parte del mundo, haciendo más de lo mismo en nuestro país.
La América que vale la pena, no la del KU-KLUX-KLAN, tiene que estar pasando pena.
Intentar exterminar a un país indefenso que solo pedía auxilio es una inmoralidad.
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