Saqueadores de tumbas


Las gloriosas fuerzas armadas bolivarianas, junto con las policías del régimen, solo quedaron como “intérpretes de las tropas americanas” y, desde luego, como SAQUEADORAS DE TUMBAS.
En el tablero político de la Venezuela de 2026 solo pueden tener uso unos cuantos oficiales medios, aun decentes y comprometidos con el país, lamentablemente jefeados por algo más de 2.000 malandros hechos generales, que se han escondido y todavía se esconden detrás de los negocios sucios que operan en el país, con la extorción judicial y a través de muchísimos ministerios que no sirven para nada. Terrible, ¿verdad?
Yo pienso que habrá que replantearse el rol futuro que deben desempeñar las fuerzas armadas en la Venezuela que tenemos que reconstruir.
Así como sabemos que, con un sistema judicial como el que aquellos mafiosos han montado para robar y mantener un estado permanente de terror colectivo, con el que hay que acabar, con las FF.AA. y policías del régimen habrá que hacer “algo”.
Con unas FF.AA. “chavistas”, “socialistas” y demás hierbas aromáticas NO se puede contar para rehacer, y mucho menos para modernizar un país acabado.
Los terremotos, a pesar de los sucesos del 3 de enero, han resultado ser, otra vez, su mejor vitrina.
De una Venezuela a la sombra de la complicidad de cientos de militares, que apenas en diciembre recibían ordenes de las fuerzas de ocupación cubanas, no se puede esperar mucho.
Unos individuos que cambiaron sus juramentos de lealtad a la patria por la fidelidad y culto a un rufián, se parecen muchísimo al desastre que por doce años seguidos ocurrió en la Alemania de Hitler. No me canso de repetirlo: en Venezuela a esta encrucijada
nacional de soberanía tutelada NO llegamos solitos. ¡Un grupete de grandísimos hijos de puta nos llevaron a ella! Ellos, militares cómplices del latrocinio, del vicio y del robo; una clase política complaciente y cómplice y un país aterrorizado por una falsa justicia, el encarcelamiento, el asesinato y la tortura desde el estado hicieron posible aquel desastre.
Solo una Junta de Gobierno que resiembre la justicia, que repueble los tribunales, la fiscalía, la controlaría, el CNE y los ministerios, puede iniciar un proceso de verdadera justicia. Designando a venezolanos insignes y decentes se puede conseguir hacer justicia verdadera.
El país tiene que avanzar, cierto, pero Venezuela tiene que lamerse primero sus heridas para volver a mirar al futuro con fe.
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