Cada uno de nosotros tenemos la bendición de orar por los demás

Cuando oro por los demás, los veo sanos, salvos, prósperos y bendecidos. Visualizo a cada uno rebosante de salud y sintiéndose pleno en su derecho de nacimiento como hijos Amados de DIOS.
Mi alegría en la oración me eleva en el Espíritu. Veo a los demás como deben ser vistos, hijos perfectos de la Divinidad, Amados y bendecidos. Creo en esta verdad por ellos, incluso si, especialmente si, sus circunstancias actuales les impiden conocerla por sí mismos. Sin importar su necesidad, recuerdo que mi rol es velar por ellos en Oración. Afirmo la presencia y el poder de DIOS en cada uno. El orden divino está establecido y los resultados correctos y perfectos ya se están desarrollando.
Mi energía positiva se une a la de todos los que oran. El amor infinito de DIOS bendice y sana al mundo y me bendice al comprometerme y compartirlo. Por lo tanto, con entusiasmo y alegría te damos gracias, PADRE NUESTRO por continuar bendiciéndonos con la vida, la buena salud y los bienestares; con tu amor, tu misericordia, tu paz, tu guía, la armonía, la humildad, la integridad, la prudencia y la sabiduría; con las oportunidades, los éxitos y la prosperidad para mí y para todos en abundancia.
¡Definitivamente contigo DIOS siempre se triunfa!
¡ORACIÓN, ESPERANZA Y FE. GRACIAS DIOS POR TUS BENDICIONES!

