MENOS MUELAS Y MÁS PROPUESTAS DE CALLE

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us
Qué de cosas: ¡la edad promedio de quienes salen a votar en Venezuela cambió! Ahora en las colas que se hicieron el domingo para votar en las primarias de la oposición, allá en Venezuela, la edad promedio subió exponencialmente.
Me cuentan que, excepto en los casos de abuelos con serios problemas de movilidad limitada, no había preferencias para los votantes de la Tercera Edad. Entre las filas, y por cada tres o cuatro jóvenes, casi la mayoría pasaba de los 60 años.
O el país envejeció entre las manos de los sinvergüenzas del régimen, o buena parte de la gente joven huyó de Venezuela, o a las personas de la segunda edad no le importa un carrizo la política, ni quienes dicen hacerla, ni de qué manera se están robando en Venezuela todo lo que un grupito se consigue por delante.
Me asusta, me asusta muchísimo, pensar que mi país, al paso que lleva, camina hacia su extinción política. Tantas y tantas mentiras. Tantísimos cuentos contados a medias por una clase política que hace añales dejó de ser “dirigente”; más bien parecen caimanes con la boca abierta para ver qué se les atraviesa que tenga algo de valor para engullirlo.
Y la gente, muy en especialmente la gente joven, está pasando finalmente factura. Pareciera que la rabia, el rencor de mucho del pueblo burlado se transformó en indiferencia selectiva. Solo importa lo que le pase a cada quien, lo que le pueda ocurrir a su familia y que todos los demás hagan lo mismo.
La gentuza del siglo XXI no solo se ha cogido el petróleo, el gas, los minerales y todo lo que puedan revender. Estos malandros también se han robado la fe, la esperanza de mucha gente en que sí se puede salir de aquella pesadilla.
Yo soy la primera que siempre lo repite: ¡Venezuela lleva faldas! Ahora toca ver si María Corina entusiasma la apatía y la transforma en propuestas para la acción. No en promesas electorales. Esas las sabe hacer también El Conde Del Guácharo y hasta Manuel Rosales, quien lleva toda una vida diciendo que va a hacer, para finalmente haber hecho muy poco.
La Venezuela que usa faldas y la Venezuela que usa pantalones necesitan un liderazgo para ahorita, y no de vitrina. Un liderazgo, junto con una clase dirigente, que empuje las soluciones que la gente está reclamando ahora y ya. Que sea más que vocera; que se transforme en una sutil agitadora que empuje los cambios que la gente necesita.
Yo creo que esa es la única manera a través de la cual el país puede pensar en recuperar la confianza en los políticos y en sus discursos. Menos muelas y más propuestas de calle.
La electricidad, la educación, los salarios y las pensiones en dólares no pueden seguir esperando a que ella o cualquiera le gane a Maduro o a cualquiera de sus sinvergüenzas. Y que, de paso, decidan entregarle el poder mansamente. Como si ellos, los del régimen, fuesen demócratas. Y no lo olvidemos nunca: ¡no lo son!



