CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

El honor no se divisa…

En los tiempos que corren, entre el cielo y la tierra ya nada se le puede esconder a la Internet.

La cosa será tan brava y tan inocultable, que hasta el Pentágono está enredado en una filtración sobre los planes y objetivos del ataque que le hicieron llegar los israelíes a sus aliados, donde cuentan cuándo, dónde y cuáles serán los sitios que van a pulverizar en Irán. Total que para todo lo demás está TikTok.

Y gracias a la tecnología del siglo XXI que todos tenemos al alcance de un teléfono, presenciamos la juramentación del Alto Mando Militar en Venezuela. Precedido, como era de esperar, por el dictador puesto por él mismo, Nicolás Maduros Moros.

Y como también todos confiamos, una experiencia bochornosa. Pero lo que resalta, lo que realmente tiene valor de asco en los videos que dan todas las vueltas, resultan ser las expresiones, los mensajes corporales de lo que “ellos” llaman el Alto Gobierno de la revolución.

Que ni es gobierno, ni tampoco es alto. Es una cuchufleta de jalabolas que lo que producen es lástima y mucha pena histórica. Increíble la “arrastrada” de todos los hampones que conforman la plana mayor del régimen, cuando se encuentran frente a frente con el rufián en jefe, Nicolás Maduro, y su «Cilita», la mosquita muerta.

Por favor, un tipo que seguramente pasará a la historia de Venezuela solo como un trapo sucio «Hecho en Cúcuta». Y a ese fulano, a ese remedo de algo serio, titireteado por el régimen de una Cuba que ya no tiene electricidad, todos, pero todos los pajaritos que se encontraban en el presídium del Patio de la Academia de las Fuerzas Armadas están en actitud corporal de arrastrados, criminales, chulos y mentecatos.

Todos, toditos, todos están a la espera impaciente de un guiño, de una tocada de hombros, de un apretón de manos, de una sola palabra, de un simple contacto visual de Maduro o de Cilia para con ellos.

Y así, otra vez nos regalaron la última foto de Padrino López, ya no tirado a los pies de Fidel Castro, sino a la espera de ser saludado por el colombiano que usurpa el poder en Venezuela.

Hampones mediocres, incapaces y malvados, al borde de un paro cardiaco, de una apoplejía, si el dictador decide no hacerles algún caso.

¡Eso es lo que hay! ¡De ESO es que hay que salir, como sea, no joda!

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