El Fogón de la Editora

ASILADOS SIN AMPARO

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Está muy curioso lo que cuenta Magalli Meda, la jefa de campaña de María Corina, quien desde hace casi 7 meses se encuentra encerrada en la casa del embajador de la República Argentina en Caracas que, como todos sabemos, está bajo “protección” de la República Federativa del Brasil; habida cuenta que están rotas las relaciones diplomáticas entre Argentina y el régimen de Caracas.

Y la verdad es que yo no entiendo en qué consiste esa “protección” con que dicen contar. Porque “supuestamente” debería, existan relaciones diplomáticas o no entre los dos países, extender esa protección en garantizar la calidad de vida a los «mariacorinos», que aún esperan por los salvoconductos para dejar Venezuela, que el régimen se niega a emitir. Haciendo, de ese grupo, otro lote más de rehenes, de escudos humanos, para el régimen de Caracas.

Varios de ellos, exceptuando al señor “privatización de la CANTV”, Martínez Mottola, que se entregó a Maduro y ha contado todas las estupideces que el régimen le ha ordenado que repita; quienes han quedado encerrados tienen una condición muy similar a la de presos comunes del país.

Les ponen luz eléctrica de vez en cuando. Lo mismo el agua. Tienen comida casi que de chiripas. Y lo que resulta aún más chocante es que permanecen día y noche vigilados y atormentados por esbirros vestidos de verde, armados hasta los dientes, con todo y francotiradores apostados en los árboles cercanos, listos para apretar el gatillo en cuanto Diosdado dé la orden.

Si a “eso” lo llaman Maduro y sus secuaces respeto al derecho de asilo, eso explica perfectamente la existencia de las muchas siniestras y más que conocidas cámaras de torturas regadas por todo el país para hacer de la oposición en Venezuela ciega, sorda y muda.

Por cierto, lo más patético de toda esta situación es que, a decir de la misma Magalli Meda, ni un solo representante del cuerpo diplomático acreditado en Venezuela se ha tomado la molestia de acercarse a las instalaciones de la casa del embajador de Argentina en Caracas, para tan siquiera confirmar el estado de salud de los recluidos en ese lugar.

Ni el mismo monseñor Alberto Ortega, recién acreditado como Nuncio de la Santa Sede en Venezuela, ha tenido la “amabilidad” de llevarle a los detenidos en la Embajada de Argentina ni una mano de cambures. Conti más la comunión, u ofrecerles a esos valientes consuelo espiritual.

Todo hace pensar, y que Dios me perdone, que el decano del Cuerpo Diplomático en Venezuela no debe ser otra cosa que un oficial de cuentas encubierto del Banco del Vaticano, con instrucciones de atender a los clientes enchufados del régimen de Caracas. Porque ni de bromas actúa como el representante de quienes consagraron el Derecho de Asilo en el mundo hispano y luso parlante.

Todo, todito lo malo lo cobra Dios Todopoderoso. No importa para quien trabajes. La maldad, a los ojos de Dios, no tiene ni donde esconderse ni mucho menos cuenta con “inmunidad” alguna allá Arriba.

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