CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Venezuela en Resistencia

¡Tendremos que acostumbrarnos! ¡Será!… Un día el presidente Trump está de buenas con las cucarachas del siglo XXI, que tienen infestada a toda Venezuela, y al día siguiente les suelta rayos y centellas.

Trump anuncia aranceles del 25% a países que compren petróleo y gas a Venezuela. Pero, increíblemente, proyecta la renovación de la licencia para robar hidrocarburos que autoriza a la CHEVRON a desplumar a nuestro pueblo, haciendo cada vez más rico a Maduro.

Ojalá y esos cambios de humor alcancen a los TPS y a los paroles humanitarios que le fueron cancelados al pueblo venezolano, regado y protegido en este país. De la misma manera, ruego a Dios que esas medidas de política comercial por retruque, logren disuadir a China e India de continuar comprando a precios de mercancía robada el crudo y el gas venezolanos.

¡No creo, pero la esperanza es lo último que se pierde! La verdad es que el pueblo de Venezuela ni debe ni puede desenfocarse con la CHEVRON, con o sin el antifaz que usan los atracadores para que no los reconozcan cuando comenten sus fechorías.

Con aranceles o no, los aranceles ya establecidos sobre España, Francia e Italia, que son los principales compradores de los hidrocarburos robados a Venezuela, el pueblo no puede perder su objetivo. Insisto: hay que dejarle los planes ultrasecretos y las tonterías que jamás llegan a ningún lado a María Corina, Edmundo y sus amigos españolitos. ¡Ellos de “eso” sí que saben! Porque uno, como Juan Bimba, lo que es un pobre gafo.

Venezuela tiene que estar en otra muy distinta. Venezuela tiene que estar en la recuperación de su calidad de vida. Del cobro de salarios y pensiones justas. Del dinero en los bolsillos para las clases trabajadoras o jubiladas, para poder acceder nuevamente a los bienes y servicios que hace añales apenas se recuerdan.

A estos héroes tapa amarilla que nos gastamos, no creo que les moleste que Venezuela concentre sus energías en resolver sus “problemitas menores” de hambre vieja y falta de todo. De necesidades no resueltas. De gente con ropa demasiada lavada. De casas en la ruina.

De vivir sin luz, sin agua y sin nada.

Más o menos como le toca pasarla a Magalli Meda y a los «mariacorinos» asediados en la Casa del Embajador de Argentina allá en Caracas; pero multiplicados por 22 millones, que son quienes se encuentran también atrapados en la República Bolivariana. Porque es así, más o menos, como en este momento viven las grandes mayorías venezolanas; muy parecido, desafortunadamente, a como le toca a Magalli Meda y a los «mariacorinos» presos en la Casa del Embajador de Argentina.

Y qué cosa vale: uno no escucha declaraciones ni de Milei, ni de nadie de la comunidad internacional, alzando la voz en contra del genocidio por mengua que viven las grandes mayorías en Venezuela. ¿Será que hemos dado como único e importante que Edmundo se envista o no como presidente del país con los votos de casi toda Venezuela?

¿Será que es hobby, es manía, es síndrome colectivo del venezolano el calarse mansamente esa vida de mierda que le obligan a vivir todos los días de Dios? De ser así, Venezuela: ¡toca que hagamos Resistencia!

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