Opinión

Los efectos colaterales del atentado

William Jiménez Gaviria / Venezuela RED Informativa.us

Colombia creyó haber dejado atrás la época oscura del terror narco, aquella en la que Pablo Escobar impuso su ley con sangre, miedo y muerte. Fue un tiempo en el que los cárteles decidían el destino del país desde la sombra, cuando hablar de justicia era firmar una sentencia de muerte. Bastaba recordar el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán para entender que oponerse al narcotráfico era desafiar a un imperio despiadado, más allá de la ley.

Pero hoy ese fantasma ha vuelto. Y no en forma de nostalgia o de serie de televisión. Esta vez, el horror tocó la vida del excandidato presidencial y actual senador Miguel Uribe Turbay, víctima de un atentado que conmocionó al país entero. En plena era digital, donde cada imagen y cada grito se propaga como pólvora por redes sociales, el intento de asesinato activó todas las alarmas nacionales e internacionales.

En cuestión de horas, los organismos de inteligencia reaccionaron. Tres personas fueron capturadas, entre ellas un adolescente señalado como autor directo del ataque. Pero el crimen no terminó allí. La violencia no es solo el disparo, sino también la amenaza silenciosa que persiste.

Grupos armados ilegales como el ELN y las disidencias de las FARC se adjudicaron la autoría del atentado, y con ello desataron una nueva ola de terror. Ahora, quienes rodean al senador Uribe están en la mira. Entre ellos, Yainet Carolina Yánez, una activista venezolana conocida por su lucha frontal contra la dictadura de Nicolás Maduro y por denunciar crímenes de lesa humanidad en Venezuela. Su cercanía con el senador la convirtió en blanco inmediato de amenazas y persecución.

Yainet, junto con su hijo, su pareja y otras personas cercanas, tuvo que abandonar su vida en Colombia. La nación que una vez le ofreció refugio, hoy representa un campo minado para quienes se atreven a alzar la voz. El miedo no es una opción, pero la vida está en juego.

Esta historia no es solo un atentado. Es un grito de alerta sobre el precio que se paga por la libertad en América Latina. Es la prueba de que los tentáculos del crimen trasnacional y la complicidad política siguen vivos, y que enfrentarlos conlleva un costo devastador.

Hoy, mientras Miguel Uribe lucha por su vida, muchos otros luchan por no perder la suya. En medio del modernismo y la tecnología, la barbarie no ha desaparecido: se ha disfrazado, ha mutado, pero sigue acechando. La pregunta es: ¿Quién sigue?

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Miguel Uribe Turbay y Yainet Carolina Yánez
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