Hemos aprendido a porrazos


Yo pienso que «El día después» no va a resultar tan simple como muchos esperan. Insistimos en ver a la Venezuela de antes de la llegada de estas “joyitas” del siglo XXI muy idealizada, casi que perfecta; y eso no es verdad. Definitivamente, es un asunto de “contrastes”: siempre lo “menos malo” le gana a lo espantoso. En buena medida llegamos a este desastre porque saquearon al país y pateado a buena parte de sus instituciones democráticas hoy terminadas de romper.
Sin lugar a dudas: la supuesta medicina resultó ser mucho peor que la enfermedad. Por poco, por muy poco, la “maravilla bolivariana del siglo XXI” acaba con la nación venezolana.
Es por eso por lo que, a mi juicio, toca replantearse al país completico otra vez. Con cerca de 10 millones de venezolanos dando tumbos por medio mundo, mucho, pero muchísimo, tenemos que haber aprendido. Sobre todo, y por encima de todo, sobre aquello que NO debemos repetir en el futuro en nuestra propia tierra. Aquello que nos enseñaron, y que aprendimos; lo que se puede y lo que se deba hacer.
Pues el presente y el pasado nos ha tatuado la piel con distancias, partidas y cosas feas que recordar. Sobre todo eso los que nos fuimos, así como todos aquellos que se quedaron aguantando la pela bolivariana, tenemos que haber aprendido la lección. Lo malo, lamentablemente, es que a los venezolanos nos toca aprender siempre las letras con sangre…
El habernos convertido en miserables o en judíos errantes, tanto dentro como fuera del país, tiene que servirnos como lección colectiva para hacer de Venezuela un mejor país de lo que nunca fue; después de que estos desgraciados salgan del poder. No podemos, no debemos, no se puede esperar que la Venezuela regalona, pantalla para que solo unos pocos se hagan cada vez más ricos, se repita. Ya está bueno: ¡Venezuela no es un botín que cambia de manos!
Una Venezuela rica y nuevamente poderosa tampoco puede degradar al venezolano a su mínima expresión de pedigüeño. El estado no puede continuar montado en la mentira de ser quien le cambia los pañales y le da el tetero a toda la población nacional. Pero también la Venezuela de CADIVI que escondió la realidad de unos pocos vivos robándose la plata de muchos; mientras que muchos solo recargan con muy poco las tarjetas para también gastar el dinero de todos. Por lo tanto, ni lo uno ni lo otro.
Esas asimetrías “patrias” no es asistencialismo. Solo han sido mentiras para esconder el robo monumental de un país por manos de muy pocos; haciendo cómplices muy baratos a las grandes mayorías del gran desfalco nacional. Y eso aplica con todo. Viviendas gratuitas, créditos que jamás se recuperan, concesiones del estado a privados financiadas por los reales del patrimonio nacional… El modelo asiático, el de los Tigres, pareciera ser un buen espejo.
Capitalismo con seguimiento de lo que hagan los privados que, utilizando el talento y las destrezas de la Venezuela que tenemos que recomponer, se sienta segura y confiada.
Que no sea explotada. No sea vejada ni utilizada como carne de maquila; pero que haga posible la inversión y el retorno de los reales de los privados.
Una Venezuela que no tenga que llegar, décadas después, a una zona de proteccionismo irreversible que nos saque de la jugada de las grandes oportunidades económicas internacionales, sin lesionar a nadie. Ni que el capital y la inversión sea producto del amiguismo y de la conchupancia que explota al trabajador; ni tampoco que el trabajador se convierta en un obstáculo para la inversión privada. Sobre todo aprender de los gobiernos de los anos 30 a 57 que montaron una banca de intermediación financiera, con bajas tasas de interés para los préstamos. Y que los ajustes macroeconómicos deben ser graduales y no como lo hizo CAP, que fue un ajuste con sangre, sudor y lágrimas a los caraqueños, asesorado por Fidel Castro.
En un esquema como ese toda la nación, todos los factores involucrados en el proceso de producción y creación de riqueza nacional, TODOS PODRÍAMOS GANAR.
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