Mar revuelto ganancia de pescadores


Hay que dejarse de tonterías: ¡el realismo político es una cosa muy seria! El presidente Donald Trump, a decir de Europa, “al precio que sea busca la paz entre Rusia y Ucrania”. Y resulta que, para el otro, el zar Vladimir Putin I, si Zelensky no deja de joder con el control de la Península de Crimea no hay trato posible de paz.
Ya no se habla de alto al fuego: la reunión en Alaska sinceró la cosa. Y los rusos, soviéticos, zaristas o lo que sean, han demostrado más que suficientemente que se pueden quedar enganchados en un guerra de desgaste hasta por una década, contratando mercenarios de Corea del Norte para que les hagan el trabajito sucio. Para muestra, el Vietnam de la URSS: ¡Afganistán!
Por eso es por lo que Putin, zalamero y hombre muy bien formado dentro de la KGB le sonríe a Trump hasta por la carta que le hace llegar la señora Melania de Trump. En ella, pudimos conocer, la Primera Dama le pide a Putin, de eslava a eslavo, que pare la matanza en Ucrania.
El asunto es que algunos olvidan que, desde los tiempos de Pedro El Grande, la Península de Crimea ha sido la base de la flota rusa de Aguas Calientes. Es un sentimiento nacional muy acendrado. Lo comprobé en mi estadía en Moscú durante siete meses, tiempo en el que conocí Kiev.
Por arriba, por el norte, solo salen los barcos precedidos por un rompehielos y pidiéndole permisos a los osos polares y a las morsas; y solo en ciertas y determinadas épocas del año.
Putin lo sabe, Zelensky lo sabe, los europeos lo saben y seguramente Donald Trump también sabe “eso”.
A mi juicio, allá en Alaska no se habló ni se negoció otra cosa que no fuera la Península de Crimea y el compromiso de que a los europeos nunca les dé por adoptar a Ucrania como miembro de la Unión, ni mucho menos miembro activo de la OTAN.
Las cartas de la geopolítica mundial están echadas, y bien echadas, sobre la mesa. Rusia controla lo que le interesa. China e India ven relajarse las amenazas por sanciones arancelarias, por lo del petróleo que le compran a la Federación Rusa. Y los Estados Unidos de Norteamérica vuelven a tomar también control de lo que les convino en el pasado y les conviene en el futuro: los hidrocarburos y minerales estratégicos con que cuenta Venezuela en abundancia.
Ahora lo que nos toca a nosotros, lo que le corresponde a nuestro pueblo es reflexionar si, esta realidad que puede ser bien chocante, en el caso de nuestro país, implica que el “asunto” ruede con o sin el régimen de Maduro y sus compinches.
O sea: ¿con o sin Maduro y sus rufianes controlando a Venezuela para hacer negocios con los hidrocarburos nacionales? El desiderátum para los venezolanos y en particular para el Parlamento Libertador es impulsar la salida del caliche.
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