EN DIOS CONFIAMOS LA LIBERTAD DE NUESTRA VENEZUELA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us
Yo me pongo a revisar los libros de historia, y ahora con Google, y no consigo a un solo dictador que haya existido en la humanidad que, al final de sus tropelías, no se envalentone más que nunca y amenace con abrir las puertas del mismísimo infierno si se meten con él y lo llegan a tumbar.
Maduro, Diosdado, Padrino y el resto de los sinvergüenzas del régimen que controla Venezuela parecen estar convencidos de, al menos, dos cosas. La primera, sin la presencia salvaje y aterrorizadora de ellos en el poder, el más completo caos se apoderará por los siglos de los siglos sobre lo que ellos han dejado de Venezuela.
Para remedar al ladrón mayor, Hugo Chávez: “…sin mí Venezuela cogerá candela por los cuatro costados”.
Y, segundo: Ninguno de ellos se confiesa temeroso de lo que les puede pasar, pues están muy creídos de que los facinerosos de otros países que los cuidan, y las mismas minorías cada vez más escasas que les creen sus cuentos, van a dar la cara por ellos y les van a evitar el mal trance de ser expulsados del poder como corcho e’ limonada.
Y eso ha sido una constante.
Desde Bonaparte, pasando por Pol Pot, Gadafi, Sadam, Noriega, Hitler y toda una lista grandísima de azotes que han hecho sufrir de lo lindo a la humanidad, todos ellos han pensado y dicho más o menos las mismas peperas cuando les viene el fin encima. Los de Venezuela no pueden ser de otra manera.
En definitiva es un libreto. Eso sí: asusta. Pone los pelos de punta. Pero nos obliga a mantener los ojos abiertos. Sobre todo a todos aquellos venezolanos que están allá en Venezuela.
Venezuela, muy pronto, se convertirá en un frente de batalla muy caliente entre las fuerzas del bien en contra de las fuerzas que representan al mal. Y esa trifulca va a ser, con toda seguridad, muy dura.
La alegría de deshacernos de esas ratas no nos debe permitir bajar la guardia. Son malos, malísimos. Y están dispuestos a poner a sus psicópatas al servicio del último intento por aferrarse al poder que tan monstruosamente han usado.
Es el momento de la fe, de los rezos y de, como dice mi hermano Pablo, la solidaridad a la venezolana.
Una mano amiga, un plato de comida, un tiempo de cobijo son las únicas armas con que cuenta un pueblo indefenso para enfrentar a aquellos asesinos. En Dios confiamos por la seguridad y la libertad del pueblo venezolano. ¡Amen!
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