La república de Venezuela


¡Tenemos que conseguirlo! El regreso del país a manos de la Venezuela que vale la pena es el máximo logro de la anterior y de la actual generación de connacionales. La recuperación de las instituciones, la calidad de vida de la nación venezolana tiene que ser también la recuperación de los sueldos y los salarios justos con que tiene que vivir nuestra gente, en el nuevo país que se avecina.
Aparte del Plan de Emergencia que tiene que dotar a cada venezolano por un tiempo determinado de un mínimo de 500 dólares, los sueldos, los salarios y las pensiones tienen obligatoriamente que convertirse en montos decentes; en cantidades modernas que cubran las necesidades básicas en todos los hogares del país. El hambre, el Carnet de la Patria, las bolsas compensatorias de comida no pueden seguir siendo considerados como formas de pago alguno, ni para los trabajadores ni para los jubilados y
pensionados en Venezuela. ¡Para nada!
El venezolano hace añales dejó de ser esclavo. No vamos a permitir que se reproduzcan las aberraciones que tanto les convienen a los empresarios de FEDECÁMARAS. Empresarios de pacotilla. Esos malandros con dinero que solo pareciera que saben jugar a la economía abierta y sin controles con la parte más frágil, más sensible, de los factores de producción involucrados en la ecuación para la realización de los bienes y servicios que logra una sociedad.
No permitiremos, nunca más, conchupancias sindicales arrastradas y complacientes con los rufianes de turno. El país no puede continuar tolerando las sinvergüenzuras y la expropiación por parte del régimen que sea de los logros de los trabajadores venezolanos. Como aquella sentencia del TSJ de 1977 que la sudamos desde Guayana para toda Venezuela.
Por eso hacemos un llamado a los trabajadores organizados de Venezuela para que vuelvan a pensar en grande; no en los términos de los “arreglos” convenidos con tres o cuatro piojosos enchufados con el régimen que sea, para negociar los derechos de la gente que trabaja o que ha pasado toda su vida trabajando.
La exigencia al nuevo gobierno a pagar salarios modernos, quizás también incorporando el criterio de pagar por hora el jornal convenido con el trabajador sobre una tabla base, debe ser tan importante como recuperar la base productiva del país. Venezuela no está en condiciones de poner la torta otra vez. Venezuela, de “esta”, tiene que salir mejor y fortalecida.
Millones de nuestros hombres y mujeres se sumergieron en docenas de espacios laborales por medio mundo que nos enseñaron el verdadero valor de trabajo realizado.
De su valor y del compromiso con su desempeño. No tenemos necesidad alguna de que nadie de afuera venga a decirnos cómo explotar y abusar de los trabajadores, con el disfraz de mala muerte o del socialismo o del cuento de ciertos empresarios, que solo produce sabroso beneficios para sus dueños y accionistas nada más.
Las grandes mayorías llevamos años cogiendo palos. Dejando nuestros muchos títulos universitarios en las aduanas de algún aeropuerto, pues no les han interesado a casi ninguno de los que alguna vez nos han contratado ni lo que sabemos ni mucho menos lo que somos. Afuera, en el mundo de verdad-verdad solo hemos sido trabajadores de lo que sea y adonde sea.
¿Verdad que sí? Pues todo lo que hemos vivido, tanto dentro con aquellos crápulas, como a aquellos que nos ha tocado vivir afuera en un mundo durísimo, nos tiene que ser de utilidad nacional. No solo es un cambio de régimen. No solo es arrancar de cuajo a la mala yerba que ha crecido a su antojo por 26 años tapiando a nuestra Venezuela.
Es un asunto de actitud, de cambio global, de cambio de chip. El asunto consiste en que todos hagamos una NUEVA VENEZUELA, es decir, LA REPÚBLICA DE VENEZUELA.
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