CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Por donde van los tiros

En Kuala Lumpur, allá en Malasia, el presidente Donald Trump le arrima un buen “tatequieto” al expresidiario de Lula Da Silva. A la venezolana, le propina un “lepe”.

El “asunto” Venezuela no es agenda de Brasil, ni de un pillo y socio de Chávez y Maduro, como han sido y lo son Lula y Norberto Odebrecht. Si al mandatario Lula sus viejos amigos le buscaron para que “ablandara” al presidente Trump que no se vistan, pues en esa no van.

Así se lo hizo saber el propio Donald Trump a Lula. El asunto de la NARCODICTADURA y del tráfico de drogas por parte de Tren de Aragua y del palacio de Miraflores es un tema estrictamente policial. Si Da Silva quiere participar en el “asunto” como mediador, que se deje de tonterías. Que no olvide que él, Lula, tiene un inflamable rabo de paja… ¡Calladito se ve más bonito!

La decisión está más que tomada. La América del presidente Donald Trump va a extirpar al Cartel de los Soles, a sus soportes, a sus aperos de drogas y a sus laboratorios; y lo que quede, o se los llevan a rendir cuentas en los tribunales federales de este país o simplemente los meten en bolsas negras. Aquello se acabó. ¡Y punto!

La demora, aparentemente, no es ni la próxima presencia de un superportaviones, ni más barcos atestados de drogas interceptados en el Mar Caribe. La espera, así me indican, consiste en darle algún poco más de tiempo a los militares en Venezuela para que los altos cuadros de las fuerzas armadas, muy mal llamadas bolivarianas, se le volteen a Maduro y a su más cercana banda, para “facilitar” los trámites de la solución del problema.

Cosa que, con toda honestidad, yo dudo en la eficacia de esa estrategia. Porque los altos cuadros, tanto de las fuerzas armadas como de las policías en Venezuela, están profundamente contaminadas por delitos y cientos de marramuncias más de las permitidas por el régimen, para hacerlos compinches sin salida de tanta robadera. Aparte: la nación, en su gran mayoría, les profesa un asco y un odio infinito a todo aquello que este vestido de verde. Han hecho mucho daño.

Además, aquellas no son las fuerzas armadas de los años 50 en Venezuela. Lo que hoy existe en el país es una pandilla de rufianes y gamberros, semianalfabetas y enterrados hasta los hombros en la práctica institucional de delitos comunes y de crímenes en contra de la humanidad y del pueblo venezolano. ¡No son, para nada, confiables!

La gran mayoría de los cuadros altos, tanto de policías como de las fuerzas armadas en Venezuela han tenido, y tienen que ver, con las desapariciones de lideres políticos, sindicales y hasta culturales, de cuyo paradero nadie sabe dar cuenta. Lo mismo que las grandes mayorías de esos mismos mamarrachos rodilla en tierra del régimen, han compartido y tienen que ver con las prácticas cubanas e iraníes de torturas a todo aquel venezolano de la resistencia y de la disidencia, que haya tenido la mala fortuna de caer entre sus manos.

Están cundidos de encarcelaciones extrajudiciales, asesinatos de estado, dentro y fuera del país, y hasta trata de seres humanos y órganos, en los cuales, se sabe, están involucrados. ¡Eso no sirve para nada bueno! Yo pienso que esperar que esa crápula, del mismo estilo y calaña de Miguel Rodríguez Torres, por ejemplo, entregue a la justicia norteamericana a Maduro y su combo, es pedir demasiado.

De paso, han sido tan miserables y traidores con sus propios capos, que no se han sentido impedidos en ofrecerse ellos y la camarilla de delincuentes que ellos dicen representar como gobernantes de la transición, como agentes mediadores, para el retorno a la democracia sin Maduro y sus secuaces.

El Parlamento Libertador coloca su confianza en la baja oficialidad de las Fuerzas Armadas y las policías, desde donde puede emerger una nueva estructura de defensa de la nueva Republica de Venezuela.

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