CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Régimen criminal y oposición buchona y cabrona

Mientras Barack Obama y Joe Biden fueron inquilinos de la Casa Blanca, a la Venezuela que vale la pena la tuvieron cuantiada. Con la leyenda urbana de evitarse una confrontación mundial por el control del país, rusos y chinos hicieron lo que les dio la gana en nuestro territorio.

O, mejor dicho, lo que le permitieron hacer los traidores del chavismo de Chávez y del resto de los hampones que le sucedieron en el poder una vez que el primero desapareció del mapa.

Analistas, influencers, inclusive funcionarios del Departamento de Estado de este país nos trataron de convencer de que nadie en su sano juicio se podía plantear una conflagración nuclear entre el Este y el Oeste del mundo por un país tan insignificante como el nuestro, por más que el mismo flotará en petróleo y demás minerales importantes.

Que había que calarse al chavismo. Que había que “negociar” y hasta agradecer la actitud electoral de unos tercios que tenían bajo su control todas las posiciones de poder dentro de la república. Que por fortuna existían unos partidos políticos, debidamente legitimados por el régimen, que estaban sacrificademente entregados a dar la cara por millones y millones de imbéciles que irían a votar cuando, por quien y donde la Coordinadora, la MUD o como le pusieran dijera que se tenía que ir. Y así pasaron los años.

Y así, fracaso electoral tras fracaso electoral, huyó la gente de Venezuela. El hambre del país no mejoraba. Las únicas oportunidades están reservadas para los militares y enchufados. No hubo, ni hay, ni nunca habrá con ellos oportunidades de crecimiento familiar. Y de postre colectivo: y el futuro está confiscado por un pequeñísimo grupo de rufianes enquistados en el poder.

O sea: Venezuela languidece en las manos de todos esos hampones. Y si a todas esas desgracias, siempre responsabilidad de “otros” no de aquellos que controlan hasta la última esquina del país, le sumas muchachos presos, muertos, violados o torturados por desear un país mejor, Venezuela se estaba y aún sigue quedándose sin gente.

Hasta que apareció Donald Trump. Y entonces Capriles, Guaidó, Borges, Ledezma y docenas de “próceres” más de la democracia participativa y protagónica se enteraron de que aquella gente había convertido al país en un garito, en un burdel de carretera.

Habían hecho de Venezuela un inmenso laboratorio de drogas, controlado por el régimen, sus poderes públicos y un hampa militar dedicada a desplumar todo lo que pudiese ser desplumable en nuestro país.

¡Qué puntería, mi vale! Todita la oposición electorera que tras 25 años había perdido, pero que realmente había ganado en todas las elecciones en las que se medía, se enteraron que las fuerzas armadas bolivarianas son un nido de pillos.

Que la fiscalía y su degenerado fiscal han convertido en delincuente a todo aquel que no acepte que unos cuantos del régimen maten, roben y saqueen al país. Que el CNE ya no se maneja por actas de votaciones, sino por la decisión mandada a hacer por Maduro a un Tribunal Supremo que nunca podría ser considerado como “supremo”, sino más bien como menguado.

Y entonces los americanos, contra vientos y mareas, ponen una flota delante de las costas de Venezuela para finalmente darle un parao a lo que ni Obama, ni Biden sabían, y comienzan a reventar barcos cargados de drogas. Que salen de Venezuela, con destino a Norteamérica. Que llevan haciendo el trayecto tantos años como tiene la revolución del siglo XXI y que allá, en Venezuela, ningún político conocía que eso estaba y está sucediendo a plena luz del día.

Por eso, mis hijos: también ustedes tienen que llevar lo suyo, una vez que llegue la Hora Cero. ¡Contra el régimen criminal y oposición buchona y cabrona!

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