CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Van a faltar postes de luz

Claro que el pueblo venezolano está equipado con un gran corazón. No hubo extranjero o menesteroso que se acercara a Venezuela que nuestro pueblo no lo ayudará. Somos famosos por meterle el hombro a la gente, así como por ayudar a quienes estén en las desgracias que puedan padecer. ¡Eso siempre ha sido así!

El asunto es que las grandes mayorías nacionales llevan más de 25 años llevando leña, y de la buena, por cuenta de aquellos “angelitos” del siglo XXI y de sus extranjeros invasores que se trajeron para torturarnos, robarnos y meternos miedo.

Y mientras más se acerca la Hora Cero, en que serán todos ellos extraídos por las fuerzas liberadoras que nos ayudarán a recuperar nuestro país, el venezolano cada vez está más cerca de la venganza que de la justicia.

A Venezuela se le puso duro, muy duro, el corazón. Veintiséis años de atropellos y ruina nacional nos puso de cemento al alma nacional. Yo no soy brujo, ni adivino, yo digo lo que se oye por los cuatro rincones del país.

¿Cómo tú le pides a un padre o a una madre, o a un muchacho que dejaron atrás sus papás para levantarlo desde afuera haciendo lo que sea, que espere por la justicia que haga pagar a tanto malandro del régimen que hizo con él y con el país lo que les dio la gana, sin mostrar ni un poquito de escrúpulos por los venezolanos?

No es lo que yo quiera o el Parlamento Libertador pueda desear. Nadie, excepto ellos, han buscado la africanización de las instituciones en Venezuela.

¿Cómo la gente, millones y millones de venezolanos hechos añicos, enterrados en la miseria, con síndrome de miedo postraumático por tanta persecución, encarcelamientos y muertes puede tener paciencia a la espera de que aparezca una justicia ordenada del Día Después que haga pagar por tantos daños al país y a su gente?

Cuéntenme: ¿cómo puede sentirse un venezolano arruinado por un régimen malvado y de narcotraficantes que, en casi tres décadas, no solo casi acabó con uno de los países más ricos de la Tierra, sino que no tiene nada, absolutamente nada, que mostrar como logro alguno?

Pulverizados los salarios, o cualquier tipo de remuneración, el venezolano de hoy ha sido obligado a sobrevivir en la más completa pobreza. Mientras unos cuantos, con el dinero de todos, pasean con Lamborghinis comprados con dinero robado al país y a su gente. ¡Déjense de vainas, caballeros!

El venezolano de a pie carga una arrechera que no tiene ni dimensión ni tamaño por todo lo que a él, a su familia, a su tiempo perdido y a su país les ha hecho un régimen mil veces maldito, junto con sus fuerzas de ocupación llevadas por ellos mismos para ensuciar y violar a toda Venezuela.

Ojalá que Dios Santo pueda tener misericordia y logre proteger las vidas de tanto enchufado, militar, policía y gobiernero que llegue a caer en las manos del pueblo venezolano el Día Después.

Porque de ocurrir lo que tiene que pasar en la Hora Cero, van a faltar postes de luz a todo lo largo de Venezuela para guindar a tantos y tantos maleantes que tanto daño han hecho en tanto tiempo a tanta gente buena.

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