¡Con tequila!


Ahora, según van las “cosas”, todos aquellos narcotraficantes disfrazados de jefes de estados terminarán más o menos igual. Maduro y alias “Cilita” se enfrentan a una corte federal en este país, mientras que a la doctora Sheinbaum le toca torcer el lomo.
Ante las muy seguras desgracias que a ella se le podrían venir encima, México autoriza la entrada de fuerzas armadas norteamericanas para acabar con los carteles de las drogas, los coyotes y el tráfico de armas que tienen percudida a la América de Donald Trump. Así, facilito.
Sin más NARCOCORRIDOS que valgan o trajeados de mariachis, al precario NARCOESTADO mexicano está que se le acaba lo charro. Por cierto, ¡también del siglo XXI!
Más de cien años después, les va a pasar lo que en aquella famosa expedición del general Pershing de 1911. Otra vez los yanquis van a entrar a México para poner orden: van a acabar con los carteles y van a cerrar el grifo de veneno que se inicia en la Venezuela del Cartel de los Soles y termina matando gente en las calles de este país.
¿Así o con tequila?
Insisto en lo ya acostumbrado: ¡en los Estados Unidos de Norteamérica ya no hay catires con reumatismo! Todo hace pensar que a Padrino, Diosdado, Delcy y “Jorgito” les han interrumpido los alijos tanto de cocaína como de fentanilo.
De manera que con el mar Caribe limpio de inocentes pescadores que transportan kilos y kilos de drogas Hechas en Socialismo, lo que queda es cerrar el albañal de salida.
O sea, ¡Mexico!
Y si el estado mexicano mantiene su antigua regla de supuesta no intervención en la naturaleza de los gobiernos de aquellos países donde matan como moscas a los pueblos de a pie, tiene sus días contados.
Aquello de estar mandando barcos con petróleo mexicano dizque con “fines humanitarios” con destino al espanto que controlan los Castro en Cuba; y que luego aparezcan en medio del Océano Índico como crudo triangulado con destino a alguna refinería hindú ya se acabó.
Como está por acabarse el régimen de Cuba y cualquier otro grupete de genocidas disfrazados con el trajecito de la autonomía y determinación de los pueblos. Total, ¡“Esto” está que arde!… ¡Madre mía!
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