En tres y dos esperando el lanzamiento


Las cosas están así: ¡Y así están muy mal! El presidente Trump le dice a Europa y a sus aliados de Asia que ellos resuelvan el cierre del Estrecho de Ormuz. Que si quieren petróleo del Golfo que le “echen” y lo abran. Que aniquilen a Irán o le jalen mecate para que puedan pasar los buques de crudo y gas con destino a sus refinerías.
Que cada quien se salve como pueda o que empiecen a comprar petróleo norteamericano o de Venezuela. Eso pone en remojo la alianza Atlántica, que lleva más de 80 años funcionando para todo el mundo, menos para este país.
Y por el otro lado, abre un portal de oportunidades que la Delcy quiere aprovechar.
Cerrando amores con los americanos, y diciendo que hace sin hacer nada que valga la pena para el país, ella está tratando de seducir a la administración federal norteamericana ofreciéndose como disponible para lo que ofrezca Donald Trump en términos energéticos. Mientras tanto negocia con Shell, Repsol y ENI.
La dictadora encargada no haya que maroma hacer para que llegue al país algún dinero adicional al de las empresas de energía que están empezando a volver a entrar para sacar las enormes cantidades que el estado venezolano les debe, tras las confiscaciones del intergaláctico y la acumulación de pasivos por parte de la revolución que nunca han sido pagados.
Es el caso que aquella porquería debe cantidades inimaginables de dinero por ese concepto y por otras tantísimas deudas cuyos activos todos, pero todos, se lo han robado un puñado de malandros y enchufados del régimen.
Eso lo sabe todo el mundo. Como también lo conocen las empresas petroleras, que podrían lograr una alianza energética de dimensiones bíblicas entre Estados Unidos y una Venezuela realmente libre y democrática y soberana. El capital internacional sabe que con las tiranías no se llevan a cabo nunca negocios a largo plazo. Solo son “buenas” para guisos, como los que tiene el régimen con los árabes e iraníes enchufados.
Tiendas estúpidas auspiciadas por la familia de Ramos Allup. Abastos y supermercados de víveres y electrodomésticos con precios de bodegones. En fin, negocios de veinte o treinta contenedores que vienen de la China, pasan por las manos de los corruptos puertos y aduanas venezolanas y sirven para lavar dinero de las drogas y de la corrupción de un régimen que no cambia ni cambiando. Por lo visto, no lo tiene fácil la Delcy, pero lo va a intentar.
Pero el país, el país que en su gran mayoría aspira y espera que Venezuela vuelva a ser un territorio de progreso y libertad, tiene que denunciar tanto lo que sigue pasando, como lo que los mismos de siempre pretenden hacer pasar. Estamos como esos bateadores en tres y dos, esperando el lanzamiento.
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