Una carta

Pablo Medina / Venezuela RED Informativa.us
A todas aquellas personas de buena fe que tienen la amabilidad de escucharme día tras día. A todos aquellos que me siguen, compartan o no mis “criterios”, les ruego una pausa en el camino. A todos y a cada uno de ustedes les pido que, por un instante, se pongan en los zapatos, se hagan eco de los padecimientos, de los horrores y de los sufrimientos por los que tienen que pasar cientos de venezolanos día a día, al intentar cruzar la Selva del Darién. Pasar el infierno con el propósito de atravesar toda Centroamérica y acercarse al sueño de libertad y posibilidades de la América del Norte.
Quiero compartir con todos ustedes, hacerlos parte de esta causa, un documento que recién acabo de enviarle al Dr. Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos. UNA CARTA, a modo de S.O.S. humanitario, para que, dentro de sus límites, también nos acompañe en la búsqueda de solución a este tremendo problema que está desangrando a nuestro país y que nos compromete a todos como seres humanos.
Hoy les voy a gastar más tiempo del acostumbrado. La CARTA expresa lo siguiente:
Excelentísimo Dr. Luis Almagro
Secretario General de la OEA
Washington, D.C.
Su despacho
Estimado Dr. Almagro
Llegue a usted un respetuoso y cordial saludo. Le ruego perdone mi apresuramiento, pero me veo obligado a abordar inmediatamente el asunto por el cual le molesto.
Para usted, hombre de las Américas, no es para nada un secreto la espantosa situación a que son obligadas a vivir en mi país las grandes mayorías venezolanas. La dictadura que saquea mi patria también hace trizas a toda mi nación.
El régimen ilegítimo que preside Nicolás Maduro en Venezuela, junto con las fuerzas de ocupación transcontinentales que le ofrecen apoyo y sustento, no solo saquean los recursos de nuestro territorio. Las fuerzas cubanas de invasión, las rusas y las iraníes en las cuales se apoya el régimen de Caracas, crean condiciones imposibles de vida para las grandes mayorías del país.
Sumado a todo eso, los enormes desastres ocasionados por las erráticas, torpes y sanguinarias políticas públicas emprendidas por el régimen de Caracas, han ocasionado un total y completo colapso tanto económico como social en toda Venezuela. Ello, como es de su conocimiento, ha servido como fusible, como resorte humano, para una de las más colosales corrientes migratorias registradas en la historia del mundo.
Las razones de la huida de cerca de 8 millones de Venezolanos en menos de 5 años es por todos conocida: un mal gobierno, cuyo único objetivo consiste en su perpetuación en el poder para continuar robando y saqueando las inmensas riquezas con que cuenta Venezuela.
Un proceso de destrucción consciente, llevado a cabo con muy mala fe sobre todos los factores de producción ha dejado a las grandes mayorías venezolanas en la más completa ruina material. Sin mencionar el desastre institucional, moral y ético que el régimen le ha ocasionado a todo el país, tras más de 20 años de permanencia ilegítima en el poder.
La migración, el éxodo del venezolano, no responde a actitudes de naturaleza turística ni a la búsqueda de aventuras por parte de una población “curiosa”. El venezolano está huyendo de su país por hambre, por miseria, por falta de atención sanitaria y asistencial; simple, las capas de menos recursos en Venezuela se están extinguiendo.
El régimen ha empujado a toda una nación a una sombría Edad Media, versión cubana, mientras quienes controlan el poder, junto con sus asociados, viven literalmente como príncipes sauditas. Así están las cosas.
¿Quién, entonces, puede culpar a una familia de Venezuela por lanzarse a la aventura, cruzando los caminos de América, soñando con recuperar la normalidad que alguna vez disfrutó en su propia tierra?
Las penosas marchas de pobladas enteras de venezolanos a través de nuestro continente no son nuevas. El éxodo hacia el Sur de la América del Sur, no hizo que las imponentes cordilleras andinas disuadieran a nuestra gente. Los venezolanos llegaron a Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina.
¡Al venezolano no lo para nadie, Dr. Almagro! Figúrese: por pura pasión por la libertad, hace más de 200 años también llegaron a los confines de nuestro subcontinente. Nuestros “andariegos” de esos tiempos caminaron y caminaron para regalarle la libertad a muchos de esos mismos pueblos donde ahora, más de dos siglos después, recalaron sus tátara nietos buscando una mejor vida para sus familias.
Ahora cambiamos de dirección. Ahora el Norte es el Norte. Y la Selva del Darién es el obstáculo natural obligado por el régimen de Caracas para tratar de pasar de Suramérica a Centroamérica.
Algunas ONG informan que el 60% de los “caminantes” que tratan de rebasar el Tapón del Darién provienen de Venezuela. Pero usted lo sabe: la injusticia y la maldad de algunos gobiernos no es una desgracia exclusiva de nuestra gente. Nacionales de Haití, de Bolivia y de Cuba acompañan a nuestra gente en esta pesadilla.
Hablamos de cientos de personas. Ancianos, hombres, mujeres y niños enfrentándose con poquísimas habilidades a uno de los territorios más siniestros y complejos de la geografía del continente americano. El gran obstáculo para el tendido continúo de la carretera Trasandina; pero no para los venezolanos que están tratando de volver a vivir con dignidad en un sitio donde sus hijos y sus viejos no mueran de mengua, como les ocurre en este momento en la Venezuela roja-rojita de julio de 2022.
Aquí me obligo a hacer una pausa. Yo, Pablo Marcial Medina Carrasco, no estoy a favor de la migración ilegal. Pongo a Dios por testigo que no es ni mi idea, ni mucho menos mi objetivo, el aupar, ni proteger la inmigración no autorizada. El asunto, Dr. Almagro, es que ESTE problema ya existe. La gente se desbordó de Venezuela y no la vamos a poder atajar ni aguantar mientras las condiciones de un régimen genocida y malvado como el que tiene secuestrada la vida en mi país continúe en el poder.
Tampoco yo inventé el infierno del Darién; ni tampoco por el solo deseo de mirar hacia otros asuntos, este tremendo problema dejará de ocurrir.
Así, hemos llegado a la conclusión que, ante esa realidad aplastante, debemos buscar una solución, una forma de que ahorremos el sacrificio de tantas vidas humanas que se están perdiendo o se afectan por el resto de sus existencias, una vez que logran atravesar ese infierno color marrón y verde.
Es imperativo crear un corredor, un puente humanitario, desde Colombia hasta Panamá que al menos garantice la vida y la integridad de las personas que están completa y totalmente convencidas de que ese “obstáculo” no los va a disuadir, ni los va a detener en su camino hacia el Norte de la América Central.
Un puente aéreo humanitario entre Colombia y Panamá, que garantice, en condiciones mínimas de seguridad, el tráfico de los caminantes, pareciera ser una medida de naturaleza posible.
Termino estas líneas con unas palabras que le escuché, acá, en la ciudad de Miami, a una joven que logró salir de la Selva del Darién con vida; ella es venezolana y fue aceptada como inmigrante legal en este país. Su historia es una de esas tragedias muchas veces repetida. Dejó, entre el barro y los caimanes, a su pareja muerta. Ella fue repetidamente abusada sexualmente por maleantes que se enseñorean por los siniestros senderos y pasos que se traga la selva, dejando su mente y su alma marcada para siempre por el dolor y el horror de todo lo que vivió. Sin embargo, a ella fue a quien le oí: “Cualquier cosa, lo que sea, con tal de no seguir atrapada en la miseria que se vive dentro de nuestro país”.
La Venezuela buena, la Venezuela que vale la pena, siempre ha tenido en usted a un buen amigo. Empujemos juntos una salida a tanto espanto que vive el pueblo venezolano.
Saludos cordiales



