Al pueblo norteamericano


Señores senadores, representantes, pueblo norteamericano: ¿No les da vergüenza la forma en que el presidente Donald Trump trata a la nación venezolana?
Por casi un siglo fuimos el principal socio comercial de ustedes. Nuestro sistema eléctrico se hizo compatible con la norma de Estados Unidos. El desarrollo del negocio petrolero en Venezuela nos hizo adoptar al beisbol como deporte nacional, el aprendizaje del idioma inglés como obligación en nuestras escuelas y Norteamérica como el primer destino de inversión y turismo del venezolano.
Venezolanizamos docenas de frases, palabras y expresiones del inglés a punta de una relación larga y productiva que llevamos por años. ¡Hemos sido amigos, amigos, por muchísimo tiempo! ¡Lo sabemos!
Esa relación fue pateada por un rufián lleno de complejos, quien intentó culpar de nuestros fracasos a Estados Unidos, haciendo del odio una mentira que escondiera su asociación con los países más turbios y asquerosos del mundo, con los que hizo alianza. Por cierto, casi todos rivales o enemigos de la cultura y del modo de pensar que nos hace hermanos dentro Hemisferio Occidental.
La Gran Venezuela, la Venezuela decente, apostó por años a una operación de salvamento. Luego de intentos tras intentos, de fraudes sobre fraudes, el pueblo venezolano puso su fe en la ayuda norteamericana para recuperar sus libertades y su democracia.
La madrugada del 3 de enero creímos celebrar nuestra liberación. Seis meses después pudimos descubrir lo que realmente sucedió detrás de ese día. Un golpe de estado, en fatídica combinación con los mismos elementos que han compartido el poder con el
régimen de Nicolás Maduro, formalizó una siniestra alianza entre el Departamento de Estado de Estados Unidos y los mismos de siempre.
Al estilo superado de principios del siglo XX, la Casa Blanca impuso una nueva dictadura en Venezuela para así garantizarse los recursos venezolanos. A sabiendas del modus operandi de quienes han destrozado Venezuela en los últimos 30 años, la Casa Blanca se aprovechó para colocar a los mismos que apenas meses atrás tenían entregado los recursos de los venezolanos a los cubanos, chinos, rusos e iraníes.
¡La Casa Blanca cambió la tapa, pero nos dejó el mismo contenido dentro del frasco!
Y eso, eso no es ni salvamento ni ayuda alguna. ¡Eso es oportunismo y el triunfo del más fuerte! Las acciones migratorias de Estados Unidos persiguen como si fueran ratas a los venezolanos en situación ilegal en ese país.
Mientras que aquí, en Venezuela, Donald Trump se burla de las ansias de una nación que aspira a ser libre y democrática. Nos insinúa que el régimen que dejaron es por el bien del país y que los despojos, los recursos naturales de nuestros nietos, forman parte del botín del vencedor.
No somos una nación enemiga de la nación norteamericana. No debemos ni aceptamos ser tratados como derrotados. Pensábamos que quienes habían resultado ser los vencidos eran justamente a quienes dejó el Departamento de Estado al frente del país y con los cuales ellos mismos se están repartiendo a Venezuela.
Señores estadounidenses para que lo sepan: ¡En Venezuela, los buenos somos más!
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