CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Carta abierta al Congreso norteamericano

Senadores y representantes de la nación norteamericana reunidos todos en el Congreso Federal de los Estados Unidos de Norteamérica.

Llegue hasta cada uno de ustedes, sin importar a cuál partido pertenezcan, nuestro más profundo agradecimiento por la extracción desde Venezuela del dictador de origen colombiano, Nicolás Maduro, quien por cerca de 14 años usurpó el poder y desvalijó nuestra patria.

Sus Fuerzas Armadas, junto con las fuerzas del orden que funcionan en este país, consiguieron lo que la Venezuela democrática no había podido lograr en años de intentos siempre burlados: acabar con la presencia de un peligroso genocida y narcotraficantes internacional como lo es Nicolás Maduro Moros, hoy bajo el resguardo de su sistema de Justicia, para que al menos entregue cuentas por los delitos que en contra de los Estados Unidos de Norteamérica ha venido llevando a cabo por largos años.

Sin embargo, a la luz de los hechos que suceden diariamente en Venezuela y que son del total conocimiento tanto de su Gobierno Federal como del Congreso norteamericano, todo nos hace concluir que América, la América hermana en la cual tanto creemos, no tomó control del aparato público de Venezuela por razones de naturaleza humanitaria, ni por estar realmente comprometida con la recuperación de las libertades, los derechos civiles y políticos, y la restitución de la democracia venezolana.

Cada vez, y ante la actuación de la dictadora que el Gobierno Federal dejó a cargo de nuestro país, estamos lamentablemente persuadidos como pueblo de que el grupo de delincuentes que representa la señora Delcy Rodríguez, solo tiene como único objetivo servir para que la republica honre una colosal deuda, las más de las veces contraída ilícita e ilegalmente, a favor de cientos de acreedores de Estados Unidos y de empresas petroleras expropiadas hace más de 15 años sin que cursara indemnización alguna.

El señor presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, no escatima oportunidad alguna para decirle al mundo que la señora Rodríguez, quien es una feroz delincuente y totalmente expuesta a la misma ilegalidad e ilegitimidad que el anterior dictador, desempeña sus funciones como contadamente y cabeza del estado venezolano, a total satisfacción de las instrucciones impartidas desde la Casa Blanca.

Sin embargo, el Gobierno Federal de este país se ha supuestamente comprometido en rescatar y lograr la viabilidad del retorno a la vida institucional y democrática de Venezuela. Todo hace pensar que para ello ha comprometido a la dictadora-encargada para que acelere los cambios institucionales y de los poderes públicos confiscados por la administración de la dictadura anterior.

Pero muy por el contrario a lo que el país y el mundo están esperando, se está llevando a cabo un acelerado cambio de rostros en algunos de los poderes clave para el funcionamiento del estado completa y totalmente cosméticos.

Tanto en el Tribunal Supremo de Justicia venezolano, responsable directo del intento de legalizar el último fraude electoral protagonizado por la dictadura en julio de 2024, así como en la Fiscalía y en el despacho de la Defensoría del Pueblo, es pública y notoria la sustitución de personajes vinculados a las redes de corrupción de la anterior dictadura, por individuos fuertemente ligados a las igualmente infames redes de ilícitos asociados con los hermanos Rodríguez.

Señores congresistas, señores representantes de la nación norteamericana: La única forma posible y segura de hacer de Venezuela nuevamente un país próspero y sustentable en el tiempo, es accionando inmediatamente la formación de un Gobierno de TRANSICIÓN, de un gobierno de EMERGENCIA que realmente estabilice al país, pero que lo encamine hacia su libertad y el compromiso de cumplir con todas las acreencias que hayan sido contraídas de formas legales y legitimas por una república que lleva cerca de 30 años siendo saqueada sin ningún tipo de control.

La convocatoria a unas elecciones en este momento en Venezuela, en medio de este acelerado proceso que lleva a cabo la dictadura-encargada para tratar de preservarse ella y los suyos en el poder, ocasionaría nuevamente otro de los tantos ilícitos y fraudes electorales de los cuales el pueblo venezolano lleva casi 25 años siendo víctima.

La Norteamérica, la Norteamérica noble, la Norteamérica de los Padres Fundadores no puede permitirse en pleno siglo XXI, y ante el sufrimiento del pueblo venezolano, ser equívocamente confundida con una banda de piratas que solo tienen en mente el cobro, como sea y de lo que sea, a expensas de un pueblo que tanto los admira y tanto espera de ustedes.

Señores senadores y representantes de la nación norteamericana: ¡Terminen bien lo que tan bien iniciaron!

El Mundo Libre entonces sabrá que en los Estados Unidos de Norteamérica sí vale la pena confiar.

Cordialmente,

Pablo Medina Carrasco

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