Ni chavista ni opositor

Pablo Medina / Venezuela RED Informativa.us
Al final las protestas que reclaman por los atropellos de los cuales son víctimas los educadores en Venezuela no pertenecen, no pueden encajar, en ningún lado de la cuerda politiquera del país.
El respeto que debe ser sagrado por los acuerdos y reivindicaciones alcanzados por los gremios, tiene, óigase bien, tiene que ser comprendido desde lo político, lo político con P grandota. No tiene sentido alguno mirar toda esta situación desde cualquiera de las esquinas de lo partidista o de lo electorero.
Señores: ¡los logros de los trabajadores son sagrados! ¡Punto!
La educación, la formación de nuestros niños y de nuestros jóvenes, no puede ser ni roja-rojita, ni del color, cual sea que ellos usen, de los arreglados de la “oposición” que ha sido inventada por el régimen en Venezuela.
Es absurdo ver al asunto gremial como un ejercicio de “quien pesa más”. El país, Venezuela, así, vuelve a perder. Igualito como está perdiendo con el asunto de la electricidad. O con el alza constante de los precios de todos los bienes y servicios a los cuales, a cualquier trabajador, le es imposible acceder, porque con el sueldo que recibe no puede pagarlos.
En Venezuela, para poner a ganar a Venezuela hay que, respetando el pensamiento de cada trabajador, abordar el estrepitoso fracaso de 23 años de políticas educativas erráticas, que no han tenido ni pies ni cabeza. Agarrar el toro por los cachos, de una vez por todas, colocando en la punta del sistema educativo, dándole protagonismo serio al verdadero gran motor de la educación en todos los países: ¡los docentes!
La pesadilla del gremio de la educación, lo mismo que de todos los demás trabajadores en Venezuela, se manifiesta en su cara más fea en el fondo de los bolsillos de cada uno de ellos. No importa en qué o en quiénes cada uno e ellos crea; la plata que necesita un padre o una madre para echar «palante» a su familia con su trabajo, tampoco viene impresa con algún color político especial.
El educador venezolano es uno solo: no es NI CHAVISTA NI OPOSITOR, es un docente. Es un padre o una madre que, desempeñando el trabajo que ama llevar a cabo, es timado y engañado por un ministerio que le juega sucio. ¡Y todo eso hay que denunciarlo!



