CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

¡Fuenteovejuna señor!

El cubano que sea, que salga a cualquier calle en su isla, con la ocurrencia de andar diciendo que con un pollo por familia al mes no se vive es considerado inmediatamente por el régimen de La Habana como un desestabilizador, como un terrorista.

Daniel Ortega y la bruja Cachavacha que tiene por esposa allá en Nicaragua, igualmente, si se consiguen que algún nicaragüense le da por quejarse de la pesadilla que significa la vida que le toca llevar a todo ese pueblo, lo mismo: siempre hay una versión pervertida de un fulano como el fiscal terrorista que hará que se lo lleven por los pelos a alguna cárcel dejada como herencia por la familia Somoza.

En Venezuela ocurre igual. Maduro, Diosdado y Padrino en su afán de proteger al país de “presencias indeseables”, secuestran yanquis mal parados, operadores políticos a los cuales se les venció el permiso para mentir y, muy lamentablemente, al pueblo arrecho, civil y militar, que les canta las cuarenta a aquellos bichos. Y a esa gente, Miraflores se las hace pagar caro, carísimo. Vistas así las cosas, y conociendo todos que el terrorismo desde el estado puede y es la peor de las pesadillas que cualquier país pueda vivir, creo que debemos empezar a complacer a la audiencia.

Aquellos hampones que regentan al país, ¿no están todo el tiempo satanizando las protestas populares, de la naturaleza que estas sean, transformándolas en su imaginación mentirosa de enfermos sociales en actos premeditados de “terrorismo desestabilizador”.

Es decir, para ellos desestabilizar es lo que su régimen ya ha desestabilizado. Lo estropeado y mil veces traicionado por ellos mismos.

Vistas así las “cosas”: ¡Les sale pues clandestinidad! Pero, no te emociones María Corina.

Arreglar a Venezuela no se consigue usando la “clandestinidad” para hacer talleres secretos de ganchillo. ¡No, no! De lo que se trata es de hacer del venezolano una poderosa máquina engrasada para la práctica del viejo arte de preparar en silencio “Joder desde el Pueblo”.

¡Basta de pajas señores! La oposición electorera y María Corina, junto con su muñeco de ventrílocuo, se quedaron afónicos por gritar a los cuatro vientos durante la campaña de Edmundo, que todos saldríamos a “cobrar voto por voto” en contra de Maduro y sus secuaces.

¡Entérate mija! Fue por eso que el país en pleno salió a votar el domingo 28 de julio de 2024 por un perfecto desconocido muy gris y sin brillo alguno.

Y ese concepto, el de salir a cobrar por los votos bien ganados, fue envilecido y convertido en truco de mago de pueblo. Lo enredaron tanto que lo transformaron en un cuento mal contado y con muchísimas explicaciones estúpidas. ¡Se acabó, Venezuela! ¿Te vas a dejar otra vez enredar? ¿Qué toca ahora? ¿Envilecer otra vez, idiotizar el concepto de “clandestinidad” en la boca y en las manos de los mismos que siempre le dan la vuelta a los huevos fritos en el sartén con la candela apagada?

Cuénteme, ¿cómo para qué? ¿Para que al rato termine saliendo un perfecto idiota a decirnos que “las condiciones no están dadas”? ¡Por favor, seamos serios! Las palabras, los términos, las ideas potentes que puede poner en práctica cualquier pueblo, se emplean para mover energía social. No para
tratar de hacer de las intenciones populares maromas para luego componer excusas y mas excusas.
La figura de Félix Lope de la Vega, gloria y genio de las letras del Siglo de Oro de la España, que una vez
valió la pena, nos dejó su obra «Fuenteovejuna». Resulta que el mismísimo rey manda a un tal “comendador” a crearle serios problemas a un caserío tranquilo y pacífico llamado Fuenteovejuna.
El tal comendador hace daños hasta para vender. Roba, asesina, viola, pide peaje; todo un chavista o
madurista, guapo y enchufado haciendo de las suyas. Al poco tiempo los aldeanos de Fuenteovejuna
pierden la paciencia ante las arbitrariedades de aquel enchufado, que le tenía la vida echa un infierno a
todo el mundo. Entonces la gente, el pueblo, se lo despacha.

Le hacen una encerrona al comendador y a sus secuaces, y les dan chicharrón. Conocemos el dicho: ¡a
grandes males, grandes soluciones! Así, facilito. Al conocer la noticia el rey, tatarabuelo seguramente
del actual rey de la baraja de España, se arrecha machismo y envía a un grupo de matones para ajustarles las tuercas a aquel pueblo de “terroristas” que se deshizo de su comendador.

Y los esbirros torturan, queman casas y sembradíos con el único propósito de averiguar quién fue el responsable de la muerte del comendador. ¡Chico y nada: no dan con el culpable!

Por más que hacen desastres en el pueblo y con su gente, nadie les suelta la información que ellos fueron a buscar: ¿Quién mato al comendador de su Majestad?

Total que los rufianes del rey reúnen en la plaza mayor del caserío a todo el pueblo. Y con voz bien españoleta preguntan: «Entonces aldeanos, contad: ¿quién de ustedes mató al comendador de su Majestad?». Y ahí el pueblo entero, y a pleno pulmón, les contestó con una sola voz: «¡Fuenteovejuna, señor!».

¿Así o con menos literatura de cuarto año de bachillerato?

www.venezuelainformativa.us no se hace responsable de las opiniones que aquí se publican. Es total responsabilidad del escritor

Donación

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba