Conciencia Ciudadana

EL AMOR POR EL PUEBLO SE DEMUESTRA CUANDO MÁS LO NECESITA

Toda tragedia pone a prueba la conciencia de una nación. No basta con decir que amamos a nuestra gente; ese amor debe hacerse visible mediante actos de compasión, justicia y solidaridad. Como nos recuerdan las Escrituras: «Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad» (1 Juan 3:18). Hoy, el mayor testimonio de amor no se encuentra en los discursos, sino en las manos que rescatan, en las decisiones que salvan vidas y en la compasión que llega sin demora.

Si todavía hay personas atrapadas bajo los escombros, cada minuto cuenta. Hacemos un llamado urgente a todos los propietarios, contratistas y empresas que dispongan de maquinaria pesada —grúas, excavadoras, retroexcavadoras, equipos de corte o herramientas especializadas de rescate— para que las pongan a disposición, aunque sea por unas pocas horas, con el fin de ayudar a salvar vidas. Cuando aún es posible rescatar una vida humana, no existe mayor prioridad ni inversión más valiosa. Al final, Dios nos preguntará menos sobre lo que dijimos y más sobre lo que hicimos por nuestros hermanos y hermanas.       

LOVE FOR THE PEOPLE IS PROVEN WHEN THEY NEED IT MOST

Every tragedy tests the conscience of a nation. It is not enough to say we love our people; that love must be made visible through every act of compassion, justice, and solidarity. As Scripture reminds us: «Little children, let us not love in word or speech, but in deed and in truth.» (1 John 3:18). Today, the greatest testimony of love is not found in speeches, but in the hands that rescue, the decisions that save lives, and the compassion that arrives without delay.

If there are still people trapped beneath the rubble, every minute matters. We urgently appeal to all owners, contractors, and companies with heavy machinery—cranes, excavators, backhoes, cutting equipment, or specialized rescue tools—to make them available, even for a few hours, to help save lives. When a human life can still be rescued, there is no greater priority and no more valuable investment. In the end, God will ask us less about what we said and more about what we did for our brothers and sisters.

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