Opinión

El Halcón en forma de Caballo: Estrategia, engaño y poder

Alfredo Mosqueda / Venezuela RED Informativa.us

¿Saben por qué cuando oímos hablar de estrategia, lo asociamos instintivamente con el mundo militar? Porque esa expresión tiene su origen en la palabra griega strategos, que significa literalmente “el jefe del ejército”, es el arte del generalato. El rango castrense más alto donde los teóricos de la guerra, son quienes diseñan el engaño como instrumento de poder contra sus más férreos enemigos, declarado; gana y consigue el poder quien mejor engañe. Donde la visión entera y no atomista es, mientras yo planifico, mi adversario contraplanifica, es el “Cálculo Interactivo de Yo y el Otro” de Clausewitz, no basta con planificar, se vuelve estratégico pensar en el otro para saber a quién nos enfrentamos, en ese punto se descifrará el tipo de plan que se va a elaborar.

Sin embargo, el contenido de esta interpretación se ha venido difundiendo en otras culturas a lo extenso de cada período de la historia. Pese a la precisión de la marcada referencia, no implica en ningún instante que la estrategia no tenga otro ámbito de desempeño que el militar. Las ideas, también han sido desarrolladas y materializadas en el plano geopolítico, diplomático, corporativo o empresarial, deportivo, social, sentimental y de cualquier otra índole. Estrategia, es eso que uno define en la dosmesticidad como la astucia para resolver un problema o enfrentarse con optimidad a cualquier obstáculo, de allí lo indispensable de ser conscientes de esta potentísima herramienta de análisis.

En la imborrable Guerra de Troya, aún no deja de impresionar el emblemático y mitológico episodio que más de tres mil (3000) años después, siga produciendo significados sin de dejar de cautivar los sentidos de quien aprecia los entresijos de este ficticio, pero aleccionador evento, el cual nos demostró que la brillante estratagema del Caballo de Madera, pudo más que diez (10) años de lucha, donde la inteligencia emocional se sobrepone a la fuerza y a la barbarie, en palabras mejor definidas; consagró el complejo arte de la guerra. Curiosamente la historia del Caballo de Troya no figura en la llíada como se sigue creyendo, sólo se alude al ardid en el canto IV de la “Odisea”, y de los más íntimos detalles se encarga Virgilio en su obra “La Eneida”. Donde los troyanos fueron superados por las circunstancias, en el momento de ser seducidos por el vengativo y organizado engaño ejecutado por los griegos.

Aunque más inquietante aún, es la génesis de este sobresaliente artificio, el cual domina la narrativa épica. En una caminata de Ulises, también llamado Odiseo. “Se detiene y observa una paloma perseguida por un halcón. La paloma se refugió en una grieta y el halcón vuela en círculos. La paloma vigila desde su precario refugio. El halcón finge retirarse, y se esconde fuera de la mirada de la paloma, quien poco a poco y con cautela, asoma la cabeza para cerciorarse de que el cazador ha desistido. Después de un largo y calculado tiempo, confiada emprende el regreso al nido. El halcón sale del escondite y culmina la cacería”.

Odiseo entiende con la asombrosa agudeza de un estratega y es en realidad, cuando nace la genial idea y con ella la construcción del Caballo de Madera, donde se reseña que en su vientre iban escondidos los mejores guerreros griegos; Menelao, Ulises, Diomedes, Esténelo, Acamante, Toante, Neoptólemo o Pirro I -hijo de Aquiles‐ y Epeo ‐el carpintero quien construyó el caballo-.

Luego dejaron el caballo frente a las formidables murallas como ofrenda para los dioses, los griegos se hicieron a la mar, mientras se escondían no muy lejos, en la isla de Ténedos, esperando la señal. Por otro lado, hay un definitivo escenario tímidamente relatado, donde casi se obvia la escena que para alcanzar el codicioso objetivo, dependían de la colaboración de un actor y soldado, llamado Sinón, que se hizo capturar y pasar por desertor del ejército griego y quien estaría a cargo de convencer a los troyanos para que metieran al caballo dentro de la ciudadela. El citado personaje exhibió con tanta convicción sus habilidades histriónicas, que cuando cayó el telón, no sólo había logrado convencerlos, también consiguió que le perdonaran la vida. Después de abrirse las puertas de la ciudad; apoderarse y destruir el reinado de Príamo, fue coser y cantar.

No obstante y sin ningún propósito de aseverarlo, hay un dato aún más expresivo que estremece la tradicional leyenda y se contrapone a nuestro conocimiento escolar. Al parecer, un grupo de historiógrafos e historiadores, en una investigación poco conocida y compendiada en “Las 75 mentiras de la historia”, concluyen que el Casus Belli de la Guerra de Troya no fue por el rapto de la bella Helena, sino por la conquista del estrecho de los Dardanelos, sitio en que los troyanos cobraban peaje a todos los barcos que pasaban. Sin duda, el conflicto presumía tener motivaciones puramente económicas, pero el rapto resultó una elegante excusa para no admitir que la guerra había sido por algo tan profundamente humano como los negocios. «Son sólo Negocios», conforme al relato, frase espetada por los griegos a los troyanos antes de degollarlos. Lo que se presenta como una terrible y ancestral evidencia, de que el engaño, los negocios guiados por la codicia, y la traición, cuentan como unos de los vicios más antiguos e inescrupulosos de la humanidad.

*Abogado

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