El Fogón de la Editora

¿Y NUESTROS MAESTROS QUÉ?

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Ya sabemos que en Japón los únicos individuos que están exentos de inclinarse ante su Emperador son los maestros de ese país. Y eso que para los japoneses el Emperador es una figura divina, de culto vivo, a quien todos sus súbditos deben reverencia, obediencia ciega y devoción absoluta.

Muy por el contrario en Venezuela los maestros están a la pata de la primera combatiente, un presidente ilegitimo en el cargo que se autoproclama como obrero-socialista-chavista y antiimperialista, y una ministra de educación que es una buena para nada. Así las cosas, los maestros en Venezuela no disfrutan ni de consideraciones ni de ningún privilegio especial; los maestros solo pueden aspirar a juntar unos sueldos y pensiones mensuales que no llegan a los 10 dólares. ¡Igualito que en Japón!

¡Ah! Y además lo que por mucho tiempo fue el ministerio con la mayor cantidad de funcionarios y docentes de toda América Latina, hoy, los pocos maestros que quedan conviven con cientos de zánganos que son los sindicaleros enchufados en el régimen. Individuos que solo estorban, meten chismes y espían para el patrón cualquier aspiración o alteración que esté dirigida al cambio en el estatus de explotación humana, al cual todos los maestros en Venezuela se encuentran sometidos.

El régimen no solo ha comprado al menudeo a la oposición política que le ríe las gracias y las payasadas; también ha adquirido, pero al por mayor, a cientos de falsos líderes sindicales que operan como espías y esquiroles en contra de los más elementales intereses de los trabajadores.

Por eso es por lo que nadie se puede extrañar de que miles de docentes venezolanos se hayan visto obligados a huir del país, para no morir de hambre o para no ser puestos presos por un régimen policial parecido al cubano o al de Corea del Norte.

El sindicalismo bolivariano resultó ser otra de las trampas que montaron estos bandidos del régimen, para acabar con la sociedad venezolana. Dentro de ese caldero se consumieron los derechos irrenunciables de los maestros, logrados a través de años y años de luchas. Que hoy, tristemente, han sido convertidos en espantosas relaciones laborales de esclavitud disfrazada a un régimen de ignorantes patas-en-el-suelo y ladrones.

Hoy, tras el primero de mayo venezolano, eso es lo que hay. Eso es lo que queda. La defensa del salario, la imprescindible dolarización e indexación de los sueldos y de las pensiones de los maestros en Venezuela están confiscadas en los bolsillos de un régimen y de un movimiento de trabajadores pobremente formado, con bajísima autoestima y liderado, las más de las veces, por individuos tan corrompidos y arrodillados como el mismo régimen corrupto para el cual trabajan.

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