Opinión

Huida improvisada ante una persecución política sorpresiva e inesperada

Carlos Rosales / Venezuela RED Informativa.us

Así lo vivieron familiares de la influencer La Ginger, quienes forzosamente huyen de Venezuela ante la persecución del régimen de Nicolás Maduro, próximamente sus testimonios, otra historia que se suma a la estadística de una diáspora que no se detiene.

El régimen de Nicolás Maduro intensifica su cacería contra voces críticas y comunicadores sociales en Venezuela. Ya no se trata únicamente de silenciar a periodistas o influenciadores, sino de extender la represión a sus familiares, buscando quebrar la voluntad de quienes se atreven a denunciar las violaciones a los derechos humanos. La nueva estrategia del aparato represivo es clara: castigar a la familia para forzar el silencio del disidente.

Entre las víctimas más recientes de esta persecución se encuentra la reconocida influencer La Ginger, creadora del espacio digital @opinandolibremente, cuya voz crítica ha expuesto las atrocidades del régimen chavista. Su historia refleja el precio que se paga hoy por ejercer la libertad de expresión en Venezuela.

Una voz que incomodó al poder

La Ginger, conocida por su verbo firme y frontal, ganó notoriedad pública por su capacidad para desenmascarar los abusos del poder y las mentiras oficiales. Su carrera como comunicadora comenzó en medios tradicionales, pero su alcance creció exponencialmente tras abrir su canal en Facebook, Fabulosamente Hablando, donde abordó temas sociales y políticos sin censura.

Fue durante la pandemia de 2020 cuando su voz se convirtió en una amenaza para el régimen. Denunció la politización del suministro de vacunas, el abandono hospitalario y la corrupción que marcó la gestión sanitaria. Aquellas transmisiones le valieron no solo ataques digitales, sino también vigilancia directa de organismos de inteligencia.

En 2024, la situación se tornó insostenible: un grupo paramilitar liderado por el conocido delincuente Valentín Santana, jefe del colectivo La Piedrita, intentó tomar por la fuerza su residencia en Maturín, estado Monagas. Ante la inminencia del ataque, La Ginger se vio obligada a vender la propiedad y huir del lugar para preservar su vida.

Familiares bajo acoso: El precio de la sangre y como evitarlo, fue una salida intempestiva

El hostigamiento no se detuvo en ella. Su sobrino, Carlos Eduardo Fermín Guzmán, participó activamente en protestas ciudadanas y fue catalogado por los cuerpos de seguridad del Estado como “instigador de desórdenes públicos”. Perseguido y amenazado, fue escondido por su tía antes de lograr escapar del país, rumbo a Perú, en marzo de 2018.

Sin embargo, incluso en el exilio la sombra del chavismo lo alcanzó. En enero de 2024 se trasladó a Brasil, huyendo de agentes vinculados al régimen que habían ingresado en territorio peruano. Su testimonio coincide con el patrón de persecución transnacional que ya ha cobrado víctimas, como el asesinado teniente exiliado Ronald Ojeda en Chile.

Una huida desesperada hacia la libertad

El caso más reciente es el de Javier José Perdomo Herdez, colaborador de La Ginger y miembro del equipo de investigación de sus contenidos. El pasado 3 de octubre de 2025, se vio forzado a huir de Venezuela tras ser amenazado por los mismos grupos parapoliciales que intentaron tomar la casa ubicada en la ciudad de Maturín en Venezuela. Perdomo se refugió temporalmente en Colombia, hasta que la propia Ginger viajó a rescatarlo, exponiéndose la conocida Influencer una vez más al peligro.

El 10 de octubre de 2025, ambos, junto a Carlos Fermín, abordaron un vuelo rumbo al Reino de España, donde hoy permanecen bajo resguardo. Las horas previas a la partida fueron de pánico, tensión y absoluta incertidumbre, conscientes de que cualquier error podía costarles la vida. Hoy, ya fuera del alcance del régimen, pueden respirar con algo de libertad, aunque con el peso del exilio y la certeza de que ser crítico en Venezuela es una condena.

Una región cada vez menos segura. Los hechos confirman que el acoso político trasciende fronteras. América del Sur se ha convertido en terreno hostil para los venezolanos perseguidos, donde las células del chavismo operan impunemente bajo la fachada de movimientos sociales o colectivos. Ante este panorama, la única alternativa para quienes defienden la verdad es huir, lo cual es inevitable para sobrevivir y en consecuencia proteger lo más elemental para un ser humano: la vida.

Porque en la Venezuela de Maduro, opinar libremente se paga con el exilio, el miedo o la muerte.

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