La cara bonita: Solución elegante

Gilberto Mayorca Yánez / Venezuela RED Informativa.us
Entre las tantas maravillas que la inteligencia ha creado está la solución perfecta. El vino. El vino es un lenguaje vivo, esperando traducción para que lo entiendan.
Es una bebida ancestral, quizás la más antigua de las que contienen alcohol etílico, con una historia apasionante, prolija de virtudes, pletórica de curiosidades y con un sabor único, que la convierte en conquistador del mundo.
Es el jugo de uva supremo, el elixir sagrado de los dioses del Olimpo, que ha hecho alucinar desde el pervertido de Zeus, pasando por Dionisio, la excelsa Afrodita con sus bellas Musas y las hermosas Nereidas, todo este florilegio de encantos ha disfrutado de las excitantes emociones que el vino ofrece.
Luego, el borracho de Baco en Roma termina construyendo para la posteridad occidental, la adorable anfictionía para el vino que ha embriagado hasta la dulce sospecha de un sueño de primavera, que no era más que la vendimia para el mejor vino, mientras tenga etanol es bueno.
«El fruto de la vid y el trabajo del hombre», no podían faltar los curas en hacerse beneficiarios de tal virtud y crearon la bendición del vino en la liturgia, no lo digo por mal, todo lo contrario, es tan bueno que hasta en la iglesia lo usan y Cristo en las bodas de Caná, valiéndole de su poder, convirtió el agua en vino, creo que eso no se vale, todo por no pagar al portugués de la licorería de Galilea.
Los religiosos han hecho un aporte invaluable a la evolución de tan divina bebida, las abadías, monasterios y demás claustros religiosos eran dedicados además de lo que hacían, a producir vino.
El Monasterio de Eberbach, el mayor productor del vino alemán, la Abadía de Saint-Pierre de Hautvillers en Francia, donde el monje Dom Pérignon perfeccionó la elaboración del champagne; el Monasterio de las Viñas en España y los monasterios de la región de Chianti, como la Badia a Coltibuono, Toscana, Italia, entre otros.
Libar tan espirituosa sustancia de exuberantes matices produce una extraordinaria experiencia de relajación, luego euforia y alegría, por sus propiedades depresivas del sistema nervioso central, inhibe el control de impulsos y aumenta la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, asociados con el placer y el bienestar.
Por tan incuestionables razones, para donde vayas, lleva un vino y quedarás elegantemente bien y te sentirás mejor si te lo sirven y te lo tomas, lo digo por experiencia.
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