La mentira de la saga de la democracia II

Gilberto Mayorca / Venezuela RED Informativa.us
Clístines, al principio no la llamada demokratia, sino isonomía o igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Que cosa más demagoga, populistas y falsaria, así nacen nuestros políticos, en cuyo terreno, Venezuela, terminaremos esta disertación.
En el Discurso ante el Congreso de Angostura:
«Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza, y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición».
Es bueno agregar que Clístenes, no dejó de pensar en cómo eliminar a los opositores sin asesinarlos por el tema de la imagen pública e instauró el ostracismo o exilio o destierro que aún se practica, democráticamente.
Sócrates, contemporáneo de Pericles, el de la edad de oro (también Alcmeónida), consideró que el voto no debía ser un derecho universal, sino una habilidad reservada a los expertos.
Los argumentos de Sócrates contra la democracia se basaban en varios problemas estructurales, como la falta de conocimiento para gobernar, lo que requería educación, razón y preparación porque era un arte que no se improvisa.
Además, votar por quien no está preparado, es como permitir que cualquiera tome el timón de un barco en plena tormenta, como la de Venezuela.
Decía, uno de los peligros es que los demagogos en la democracia sean líderes populistas que manipulaban la ignorancia del pueblo.
Para ilustrar lo que sostenía Sócrates, comparaba a un político con un vendedor de dulces y a un sabio con un médico. El vendedor (político) ofrece gratificación inmediata para ganar votos, mientras que el sabio (filósofo) aplica lo que realmente es saludable a largo plazo.
Temía, como ocurrió, que el sistema se convertía en una «tiranía de la mayoría» o un gobierno de la multitud ignorante, guiado por pasiones en lugar de la razón, no estaba hablando de Venezuela, solo coincidencia lógica.
En el Discurso ante el Congreso de Angostura: «un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción».
La ignorancia y democracia de 500 ciudadanos, terminaron entonces, con la vida de Sócrates, como en nuestros tiempos con Venezuela, ambos condenados por los mismos factores.
Platón, en su obra La República, acopio de sus ideas políticas, consideró ese hecho como demostrativo de los defectos letales de una democracia sin educación ni principios éticos.
Sus ideas exigen la necesidad de competencias, intelectuales, científicas y técnicas en el liderazgo y advierten los peligros del populismo, la demagogia, el uso indebido de dineros, influencias, ardides y un gran género de desviaciones morales.
Sin embargo, en la actualidad hay sistemas llamados democracias representativas liberales, presidenciales o parlamentarios que son ampliamente considerados exitosos, con sus «bemoles» que son muchos.
Aunque se sostienen más en teoría que en la práctica real, la tutela de derechos humanos y garantías fundamentales, el voto universal y secreto, la isonomía y la separación de poderes como contrapeso para evitar la tiranía, la alternancia en el mando o poder y otras garantías aunque en francas hostilidades existenciales.
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