El que puede, puede


No podía ser de otra manera. Una dictadura siempre opera como una dictadura.
Ninguna marcha popular, de la naturaleza que ella sea, puede evolucionar democráticamente en Venezuela, porque Venezuela NO ES una democracia.
Si papá Trump insiste en que la dictadora-encargada es tan buena, tan chévere y hace todo lo que él le pide, como decía un líder sindical de allá de Guayana en estos días, ¿por qué el presidente de Estados Unidos no se lleva a Delcy para Washington y la incorpora en su gabinete?
¿No y que es tan “eficiente”, tan “responsable”?, bueno: ¡cámbiela pelo a pelo por la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, la señora Levit? ¡Usted manda a la catirita pa’ Venezuela y se queda con la fea! ¿Le parece?
Por lo que le hemos escuchado estoy convencido de que usted ganaría con el cambio.
¡Recuerde que Delcy habla correctamente inglés! Porque es el caso que la cucaracha que usted dejó al cuido del coroto está demostrando saber tan poco de echar a andar a un país como tampoco sabía Chávez o Maduro, o cualquiera de los vendedores de drogas que dejó olvidados allá en Venezuela.
La represión, el miedo, el uso de la ley torcida por el régimen son los instrumentos naturales que ellos usan para manejar a Venezuela; nada nuevo, ni mucho menos distinto, a lo que viene padeciendo el país en los últimos 27 años.
Allá todo está igual. Allá nada es distinto. Lo único “novedoso” es la extracción de Maduro y de Cilia. ¡Ah, y la tía Laura, claro! ¡Con la misma gente que lleva 27 años estropeando al país no se puede reconstruir nada de nada! ¿Quiere ver resultados? ¡Autorice un verdadero gobierno de transición de amplia base! Un gobierno de transición de verdad que ponga el cascabel al gato. Que inicie un proceso acelerado de reinstalación de los poderes públicos, de esos que cualquier democracia requiere para poder funcionar adecuadamente.
Porque mi querido papá Trump, aquello no cambia; en Venezuela lo que existe es el juego de la silla musical.
Venezuela está a la puertas del abismo; y esta vez es usted quien debe responderle al país y al mundo por lo que ocurra. No deje que se le enrede el papagayo, presidente Trump.
Los ojos del mundo están fijos sobre usted por todo lo que pase o deje de ocurrir en Venezuela. ¡Recuerde: el que puede puede!
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