Opinión

Naturaleza del todo: La saga de la mentira / La cárcel

Gilberto Mayorca Yánez / Venezuela RED Informativa.us

Es una tortuosa injusticia, aunque el fin jurídico-social del servicio penitenciario es la reeducación y reinserción social de los sentenciados a penas de prisión o presidio, garantizando su custodia en el recinto de confinamiento, su seguridad física y respeto a los derechos humanos.

La Constitución, leyes y tratados internacionales de derechos humanos, consagran los derechos y garantías inherentes a los internos.

El Artículo 272 constitucional, impone al Estado, la obligación de garantizar la rehabilitación del recluso y respeto a sus derechos humanos, priorizando el trabajo, estudio, deporte y recreación.

El Artículo 44, numeral 3, ejusdem, establece como pena máxima treinta años y prohíbe las penas infamantes o perpetuas. La reeducación para el desarrollo de la personalidad, en los ámbitos
intelectual, cultural y profesional. La reinserción social es la readaptación luego de cumplir la pena, lo que se pretende lograr con un programa de formación y trabajo que asegure un comportamiento con los valores que le permitan la reintegración a la sociedad de manera efectiva, sin reincidencias delictivas.

Ahora, ¿cuál es la verdad?, bueno, sirve para describirla una metáfora: el infierno. Allí no se cumple nada de lo contado arriba, aunque por supuesto siempre habrá la simulación o parodia del cumplimiento.

Un libro que recoge la verdad de ese infierno es el «Retén de Catia» de Manuel de la Fuente, publicado en 1966. En él se cuenta barbaries que superan la imaginación normal.

Algunas características y ejemplos:
. Lo más sucio y pestilente, desechos nauseabundos en todo el recinto.
. La peor comida y servida en condiciones infrahumanas, hasta en el suelo de los patios.
. Riesgo permanente de perder la vida, ser ultrajado o lesionado. Con frecuencia sucede con diferentes armas desde los llamados chuzos hasta armas de fuego, generalmente traficadas y vendidas por los funcionarios de custodia interna y externa.
. Organizaciones del crimen, operando con relativa libertad, con teléfonos celulares y contactos en la calle y dentro también.
. Todo hay que pagarlo, desde la llamada «prote» para preservar la vida hasta una llamada de celular clandestina.

La última moda fue el alistamiento de reclusos para diferente fines desde el año 2000, bajo el mando de un «PRAN». Este acrónimo es de «preso rematado, asesino nato». Los pranes movilizan la economía criminal dentro de la prisión, a menudo liderando una red delictiva que opera, como escribí, tanto dentro como fuera de la cárcel.

Luego, lejos de ser lo mandado por la Constitución y leyes, es la cátedra del crimen, en las aulas del infierno.

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