CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

La verdad está cerca

Los cuentos que inventan las dictaduras para controlar desde el terror a los pueblos no son mejores que las historias de las películas de Hollywood. Stalin hablaba de sus eternos “agentes del capitalismo mundial”. Hitler de las conspiraciones internacionales de los judíos.

Fidel con los yankis que siempre están por llegar.

Y Maduro, entre los ataques cibernéticos de los drones-iguanas en contra del sistema eléctrico destartalado nacional y los mercenarios enviados por Milei desde la Argentina para rasparse a «Delcy Heroína», va como cuatro cuerpos atrás en aquello de inventar mentiras.

¡Esa barajita está tan gastada, que no hay quien la compre, ni quien la cambie!

A estos mequetrefes ahora más bien les va a tocar muy difícil mantenerse en el poder a punta de rufianes, miedo, muchas caras feas y gentuza dispuesta a matarse por ellos, porque ya están de salida.

Con una legitimidad finalmente descuartizada en tantos pedazos como los resultados electorales inobjetables del 28 de julio, la legalidad de las porquerías que ellos llaman instituciones no les sirven realmente para nada. Nadie adentro y afuera se las cree. Y como en el caso de la esposa del César, “no solo debe ser honesta, también debe parecerlo”.

El régimen no tiene ya ni dónde ni cómo esconderse. Ya no se pueden cubrir. Dentro y fuera están desenmascarados: Maduro es un ridículo dictador tropical cuenteado con el mito que lo soportan y apoyan China, Rusia, Irán y Cuba. Solo falta el chiflado de Corea de Norte para que estemos en presencia de las peores joyitas del mundo actual que le funcionan como alcahuetes.

Y la verdad es que, sin la CHEVRON y la REPSOL resolviéndole todas las dificultades de afuera, y abriéndole todos los caminos que se le habían cerrado, les va a tocar aumentar la producción y distribución de drogas que manejan con sus asociados mexicanos y con la guerrilla colombiana.

Ayer María Corina salió, habló y se refugió.

El régimen es hoy una botella vacía. Solo con espuma residual de balas, torturadores y matones a sueldo. Y eso, como siempre lo ha demostrado la historia universal, tiene un horizonte muy corto. Venezuela no es Cuba. Venezuela es otra cosa. ¡Nunca lo olviden!

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