Opinión

Quizá Maduro sea un filósofo moderno (Parte II)

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa.us

Hobbes, entendido y aterrado por la anarquía y la incertidumbre que las malas políticas habían ocasionado en las islas británicas, trata de persuadir de la necesidad del Contrato Social, para evitar que el hombre vuelva a su estado de naturaleza.

También insiste en la inexistencia del derecho divino, ese que se creyó Chávez cuando se auto calificaba de predestinado con una misión de Dios, que se creían los monarcas e incluso el del propio hombre en cuanto a una esencia moral de inspiración divina y un derecho otorgado por Dios por solo nacer, conocido como el derecho natural que imponía la necesidad de subsistir o auto preservarse, lo que promovía el egoísmo e individualismo, en contradicción con los postulados antiguos de Platón que veía al hombre como un ser gregario o el ser social aristotélico.

El Libertador pidió en su lecho de muerte liberarnos de la anarquía, obedeciendo al gobierno, que no tiene que ver con los gobiernos de estos tiempos.

«Un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud; que el imperio de las leyes es más poderoso que el de los tiranos».

Hobbes refirió a manera de axioma: Homo homini lupus. El hombre es un lobo del hombre y Bellum omnium contra omnes, guerra de todos contra todos, por lo que se imponía el Contrato Social, que crea el Estado de Derecho supra derecho natural individual, que ofrece al hombre libertad, seguridad y bienestar y que se justifica para preservar la paz.

Es el fundamento de su obra El Leviatán, que es la descripción del hombre en su estado de naturaleza como un monstruo de mil cabezas, y la necesidad de que el Estado posea el poder absoluto que no se cuestione para que todo marche y no se vuelva al estado de naturaleza.

Observe que en Venezuela han llevado al pueblo a estos niveles, es decir, a su estado de naturaleza. Aquí lo llaman caribería y de otras maneras procaces como lo es la propia conducta chavista en esencia de aquel Chávez en su estado natural.

El 17 de diciembre de 1819, Simón Bolívar posiblemente recordando a Hobbes, dijo: «En nuestras venas no corre sangre sino maldad mezclada con terror y miedo». Después de 200 años, estas emociones es lo que han inyectado en las venas de los venezolanos para contrarrestar los efectos de la civilidad.

Baruch de Spinoza, que nace en 1632, llama al Estado de Derecho Pacto Social e insiste en que el gobierno se justifica si cumple con los fines del Estado, si no ocurría el Conato, que era el derecho del hombre a deponer el gobierno que no cumpliera sus obligaciones. Más adelante veremos qué dice el bodrio de Constitución venezolana sobre este principio de Spinoza.

John Locke nace en 1632, padre del liberalismo y progresismo, escribe el Tratado sobre el Gobierno Civil, es el precursor de la declaración de los derechos de 1688, Bill of Rigths que constituye el concepto de Estado de Derecho y que luego inspirara a los llamados padres fundadores de Los Estados Unidos y luego a El Libertador de América Latina.

Estuvo de acuerdo con las doctrinas de Hobbes y Spinoza, con algunas variantes como el derecho a la propiedad privada, la igualdad ante la ley y el Estado. Propone la separación de los poderes del Estado en Legislativo, Ejecutivo y Federativo, (como el canciller actual), todo con el fin de lograr y mantener el equilibrio y control de los poderes. Todo esto, ya ven que hoy no existe en nuestro país.

Mantuvo la tesis, que si el gobierno no cumplía con sus obligaciones el pueblo tenía el derecho a deponerlo por violar el Contrato Social.

La Constitución venezolana, en el  aparte único de su Artículo 333, establece que en la eventualidad de violar el Contrato Social, todo ciudadano investido o no de autoridad tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia. En caso de un nuevo contrato social, el Artículo 350 otorga facultades en el mismo sentido a los ciudadanos.

Locke, en una de sus obras más importantes, el Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil, trata la usurpación y la tiranía, nada diferente a la actual en Venezuela, como elementos que coartan la libertad del ser humano. Así, en el capítulo octavo plantea que: “Si la usurpación es el ejercicio de un poder al que otra persona tenía derecho, la tiranía es un poder que viola lo que es de derecho; y un poder así nadie puede tenerlo legalmente”. Desde la perspectiva de Locke, quien ejerce el poder de manera arbitraria debe ser despojado del mismo tanto por su práctica negativa como por su ilegalidad.

Dice que el gobierno tiránico: “Consiste en hacer uso del poder que se tiene, más no para el bien de quienes están bajo ese poder, sino para propia ventaja de quien lo ostenta. Así ocurre cuando el que gobierna, por mucho derecho que tenga al cargo, no se guía por la ley, sino por su voluntad propia y sus mandatos y acciones no están dirigidos a la conservación de las propiedades de su pueblo, sino a satisfacer su propia ambición, venganza, avaricia o cualquier otra pasión irregular”. Es decir, el abuso del poder. Pareciera que lo que este filósofo escribió es para la Venezuela de hoy.

El Preámbulo constitucional, en concordancia con su Artículo 1, ordena seguir las doctrinas de El Libertador:

En el Discurso ante el Congreso de Angostura en 1819, Simón Bolívar, estudioso de este filósofo, dijo: “La continuación de la autoridad de un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos (…)

Nada es tan peligroso como dejar largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se originan la usurpación y la tiranía”. ”El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”.

De especial relevancia sobre lo expresado por el filósofo inglés, es que Simón Bolívar afirma: “Cuando la tiranía se hace ley, la rebelión es un derecho”. “Más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía”. “Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos”.

En resumen, de este capítulo vemos cómo el miedo nos ha mantenido paralizados y llevado a una guerra de todos contra todos. Miedo que propuso Maquiavelo en su narrativa de lo que hacían los tiranos contra el pueblo para dominarlos, pero también destacamos el derecho al conato de Spinoza que El Libertador llama Rebelión contra la tiranía.

Continuará.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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