Si la democracia está indefensa y desarmada, el sistema internacional ha fracasado y la violencia está llegando

Carlos Sánchez Berzaín* / Venezuela RED Informativa.us
Nos insta a recordar que el sistema internacional vigente fue resultado del triunfo de la democracia frente al fascismo de la Segunda Guerra Mundial que costó millones de vidas para rescatar la libertad como principio en una sociedad y entre el Estado y la sociedad. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue creada para “mantener la paz y la seguridad internacionales” basadas en el “respeto a los derechos humanos”, y no para mantener burocracias complacientes. La victoria del pueblo venezolano sobre la dictadura, en las elecciones presidenciales del 28 de julio (28-J), está poniendo a prueba un sistema que -por su ineficiencia- da lugar al “recurso supremo de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.
En una democracia, el monopolio de la violencia corresponde al Estado -sustentado en la soberanía popular del pueblo- para proteger la libertad de los ciudadanos, se llama “fuerza de seguridad pública”, que es el poder coercitivo de la ley, el uso legítimo de la fuerza para hacer cumplir las leyes, proteger el bien común, la comunidad, la sociedad, la nación, la patria. En una dictadura, ese principio se falsea y la fuerza de seguridad pública se convierte en una herramienta para promover el “terrorismo de Estado” para someter al pueblo y privarlo de su libertad.
La diferencia entre la aplicación de la ley y la manipulación de un sistema para oprimir al pueblo es clara. Resulta, por tanto, incomprensible que durante más de 65 años el mundo no haya detenido lo que ocurre en Cuba. Resulta dolorosamente evidente que el mundo no comprende la expansión de ese sistema de crimen organizado que hoy controla Venezuela, Bolivia y Nicaragua, un sistema que hoy sirve de plataforma a dictaduras extracontinentales como Rusia, China, Irán, Corea del Norte y al terrorismo internacional con gobiernos paradictatoriales en Brasil, Colombia y México.
Pareciera que el sistema internacional se ha convertido en un gran escenario de simulación, donde nada es lo que debe ser y todo es sólo lo que conviene a los regímenes. Lo llaman diplomacia o política internacional, el arte de lo posible, pero se convierte en una constante claudicación y despojo de los principios y valores de la libertad y la democracia, que no son negociables. Es la tragedia del sometimiento de los pueblos provocado por ajustes a una mala geopolítica, para evitar enfrentamientos que por falta de compromiso y decisión, terminan ganando los matones del crimen organizado transnacional.
El que las leyes se violen es una señal de su valor, es también un indicio de la existencia de criminales y de la necesidad de un puntapié inicial para poner en marcha el sistema que sancione y restablezca el respeto a las normas en las que hemos depositado nuestras libertades, nuestra seguridad y la vida misma. Pero cuando las leyes se violan impunemente, con reiteración, con alevosía, y se convierten en falsedades que falsifican la voluntad popular y se presentan -en cambio- como una defensa de regímenes dictatoriales, estamos ante el crimen organizado que ejerce el poder político y utiliza el terrorismo de Estado.
La situación de Venezuela no es un asunto interno, ni siquiera es una cuestión que solo impacte a las Américas, es una prueba de pertinencia y supervivencia del sistema internacional, las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, la Corte Penal Internacional, la Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional, las decenas de tratados firmados contra la delincuencia, el narcotráfico, la migración ilegal, la trata de personas, el lavado de dinero, y más. O funciona el sistema internacional, o cada Estado actor tiene que defenderse como sea, o negociar con el crimen organizado sin intermediarios, ni dogmas.
Basta observar que en este siglo XXI existe un doble estándar muy conveniente que beneficia al Socialismo del Siglo XXI, o castrochavismo, con un inexplicable sometimiento a la narrativa del crimen organizado transnacional encabezado por Cuba, extrañamente acompañado por políticas de organismos internacionales y potencias democráticas.
La situación de Venezuela, en la que una nación con un liderazgo democrático extraordinario ha derrotado al crimen organizado que detenta el poder gubernamental en su propio sistema electoral dictatorial, es un punto de quiebre en la historia de las Américas y del mundo globalizado: o el sistema internacional demuestra su pertinencia o será superado por el coraje de un pueblo que no está dispuesto a ser negociado ni traicionado nuevamente.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece: “Considerando que es esencial, para que el hombre no se vea obligado a recurrir, como último recurso, a la rebelión contra la tiranía y la opresión…” Frente a la falta de protección de la voluntad del pueblo, la falta de aplicación de la ley, el respeto a los derechos humanos, la aplicación de las normas contra el crimen organizado, la demora de la justicia en el Tribunal Penal Internacional, … y más, la violencia como último recurso para defender la vida y la libertad será inevitable y es sólo cuestión de tiempo porque es parte de la historia de la humanidad que siempre ha luchado y conquistado su libertad.
*Abogado y politólogo. Director del Instituto Interamericano para la Democracia
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