CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Sin novedad en el frente

Delcy Rodríguez, una hallaca mal amarrada con zapatos, carteras, ropita y relojes que cuestan el equivalente a los ingresos anuales de doscientas familias juntas y atrapadas en Venezuela, pretende hacernos creer en la nobleza, la razón y en la justicia de los asesinos que están masacrando a civiles en Israel.

La Venezuela de ella, su hermano y el resto de las mafias feroces que controlan a nuestro país, se colocan abiertamente a favor de las masacres de Hamás. Al precio que sea. Al derramamiento de sangre que toque. Pero, eso sí: que ni los corotos sean de ellos, ni mucho menos la sangre que se viertan sea la suya.

La Venezuela del siglo XXI ahora se trata de reinventar a través de una “solidaridad” sin pies ni cabeza, a favor de los mismos parásitos que llevan años rascándole la espalda al régimen de Caracas. Alla, como momos de organillero, desde el triunvirato Maduro-Padrino-Diosdado hasta el último de los tracaleros que lo acompañan en la “creación del hombre nuevo”, el régimen se declara propalestino, proterrorista y proasesinos.

Y, desde luego, el país de los políticos de la oposición en Venezuela nada tiene que ver ni con lo que pasa adentro, ni mucho menos con las relaciones encochinadisímas que mantiene el régimen de Caracas con varios de los protagonistas del aquelarre que se vive hoy en día en Israel.

Hay quienes han llegado a decir que la actual situación en Oriente Medio podría arrastrar a todo el sistema de alianzas secretas del mundo a la guerra, y con ellas a las principales potencias del planeta en un nuevo desastre de dimensión mundial.

La Rusia de Putin apoya a los terroristas palestinos del Hamas. Irán, quien jefea la violencia del fundamentalismo árabe, no ha dejado un instante de amenazar a los judíos de todo el mundo con las peores formas de morir. Y China, el gigante oculto, se mantiene agazapada detrás de los tontos que ponen la cara, la sangre y la gente en los enfrentamientos. Y finalmente los norteamericanos, se posicionan con una fuerza de tarea descomunal en el Mediterráneo Oriental, tratando de evitar una escalada.

Y a todas estas, mientras que el planeta Tierra está a pocos grados centígrados de su punto de ebullición, una Venezuela que forma parte colateral de esta película de horror, cuenta con una oposición al régimen en permanentes vacaciones mentales. ¡Y es de lógica!

Si la espantosa crisis eléctrica que mantiene de rodillas a la mayoría del pueblo venezolana no es importante. Si los salarios de miseria en bolívares parecen ser un castigo merecido para todos los trabajadores y pensionados del país. Si las colas para poner gasolina son solo un chiste porque lo importante es mandar a los cubanos los pocos combustibles que se llegan a producir dentro del país o los que se le compran a Irán… ¿qué se puede esperar de esta gente?

Dejémonos de vainas: ¡la oposición en Venezuela no está para atender pendejadas! Está para otras cosas. Asuntos realmente importantes. La dimisión de Superlano y de Roberto Enríquez del Copey en favor de María Corina, como les indicó el régimen de Caracas que hicieran, por ejemplo, eso es lo transcendente.

El resto no. El resto ya lo atenderán cuando se vaya Maduro, cuando asuma el coroto María Corina en 2024. Cuando Diosdado y Padrino entreguen el gobierno, luego de las elecciones “justas” que pide el señor Juan González desde la Casa Blanca, y todos quedemos “contentos y fresquitos por dentro”, como decía aquella cuña de la Frescolita, ¿se acuerdan?

¡Qué cosa, vale!

Y a mí que no me deja de molestar la frase final de la tremenda novela del alemán Erich Maria Remarque, cuando decía el narrador, un poco antes de que la Primera Guerra Mundial llegará a su final y Alemania se hundiera entre los escombros del día después: “…acá no está pasando nada, todo se encuentra en calma en las trincheras de su Majestad El Kaiser, todo está ‘sin novedad en el frente’”.

Por eso: ¡Dios, Venezuela Libre y Cese de la Ocupación!

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