Recompensa (Parte II)


Por favor: ¡continúen conmigo! Decíamos ayer que la legislación norteamericana acepta y hasta aúpa al DERECHO DE CAPTURA.
¿No dice el mismo presidente Trump que interceptó y CAPTURÓ un buque cargado de petróleo que pretendía burlar el bloqueo en el Estrecho de Ormuz y se quedó con el barco y con la carga? ¿O que ha pagado 20 veces la guerra en contra de Irán con los recursos petroleros con que se ha cobrado por la extracción de «Narcolás»?
¡En Norteamérica los malandros pagan por los platos que rompen! El LARGO BRAZO DE LA LEY los persigue, y la muerte y los impuestos no los dejan en paz nunca.
Y para la justicia norteamericana, para las leyes en este país, “eso” es completamente legal. Aquel, sea quien sea y esté donde esté, que rivalice con las leyes de este país no solo la PAGA, también lo PAGA. ¡Para esta gente BUISNESS IS BUISNESS!
Lo extraño es que en la Venezuela de tantas y tantas dictaduras. En la Venezuela de cientos de miles de testaferros que han quedado “untados” tras la caída de cada una de esas dictaduras, sobre ellos y sobre los corotos y reales que se han embolsillado quienes han manejado el poder, nunca se ha legislado para poder quitárselos y devolverlos al país.
A los testaferros de Juan Vicente Gómez, por ejemplo, una vez que este murió, no les pasó mayor cosa. Para nadie es un secreto que las compañías de electricidad, las acerías, las grandes constructoras y las ferreterías que mutaron luego en bancos y fábricas de cerveza, de casas y premezclados fueron puestas a funcionar, en el origen de esos negocios, con dinero proveniente del grifo petrolero que manejaba el régimen.
Y que al poco tiempo ese grifo se convirtió en el cuentagotas del gasto petrolero venezolano que se redirigió a las empresas, corporaciones, fábricas y sistemas financieros que surgieron y que se fortalecieron durante y después de las dictaduras, esas que se robaron buena parte de las riquezas que producía el país.
Y, qué casualidad: ¿no se planteó en serio nunca una batería legal que tuviese la capacidad de rescatar los recursos del estado que migraron hacia unos pocos, para devolvérselos a su dueña original: la república ¡Qué raro! Rarísimo, sobre todo si pensamos que en Venezuela se ha legislado históricamente sobre casi que cualquier cosa. Desde cómo mantener a los pajaritos y las tortugas bajo encierro doméstico, hasta el 800-paja de Diosdado; en nuestro país hay leyes para todo aquello que a alguien se le pueda ocurrir.
Y nadie, tras la caída de cada una de las dictaduras que han asolado al país o tras los más sonados casos de corrupción administrativa en que han estado envuelto los diferentes gobiernos y regímenes venezolanos, ha pensado en legislar en la forma, en la manera más rentable posible de recuperar los reales y los bienes que tantos y tantos políticos y testaferros de políticos se han metido en sus respectivos bolsillos a punta de corrupción de todo tipo y colores.
Porque acá sí, en América el gobierno federal se las ingenia para arrancarle al general Clíver Alcalá una parte muy importante de los reales y bienes que aquel desgraciado amasó abusando del poder que la república de Venezuela le confirió.
Y seguramente lo mismo estarán haciendo en este momento con el tal Alex Saab, un mugroso colombiano que se hizo hiper-rico revendiéndole al pobre pueblo de Venezuela arroz, caraotas y sardinas dañadas, y sabrá cuántas cosas más podridas y con
sobreprecios descarados.
Pregunto: ¿la justicia americana se queda con una parte de esas fortunas, de las riquezas mal habidas de una cantidad enorme de rufianes que le robaron la sangre a Venezuela y a los venezolanos, y a VENEZUELA no le toca ni una locha de lo que le robaron al país, que es, ciertamente, del país?
¿Cómo espera el mundo que Venezuela va a devolver lo que la República debe, y lo que a la Republica le van a hacer pagar, aunque no sea legal ni lo deba realmente, si el estado venezolano no le puede poner las manos a lo que todos aquellos malandros se cogieron en estos 30 años de latrocinio?
Estamos hablando de una cifra que sobrepasa los 3 trillones, TRILLONES, de dólares. TRILLONES de dólares que la revolución bolivariana y sus compinches se llevaron del país y los mantienen en forma de oro, activos, criptomonedas o cuentas a nombre de ellos mismos, o empresas bajo su control, o bajo nombres de sus testaferros regados por todo el planeta complaciente, que tras tres décadas ha recibido a manos llenas todo lo que unos pocos le han robado a toda una nación. ¿Será que “aquello” se va a quedar así?
¡No está fácil!
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