Un día como hoy hace 200 años

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa.us
«Mi General:
Está concluida la guerra y completada la libertad del Perú. Estoy más contento por haber llenado la comisión de U. que por nada».
Ese día como hoy, ocurrió un evento, quizás el más importante de América, quizás el que ya se olvidó o que casi nadie conoce. El Libertador lo calificó así: «Habéis dado libertad a la América Meridional y una cuarta parte del mundo, es el monumento de vuestra gloria».
En cualquier caso, me asombra enfrentar la ingratitud o la ignorancia, cualquiera que sea la razón, por la que no se conmemora siquiera ese gran momento de nuestra historia.
No hubo un acontecimiento igual ni antes ni después, aunque sin duda otros también valiosísimos y pletóricos de heroísmo, gloria y resolución libertaria. Pero Ayacucho obviamente solo ocurrió un día como hoy.
Comenzando el día 9 a la media noche, con el punzante frío de los Andes en diciembre, aún el intrépido, todavía General Sucre, trajinaba incesante sobre los gajes del comando para el combate. Era un alma poseída por el honor y el deber cuidando cada detalle de su magnánima estrategia para la batalla.
Las órdenes de su excelencia El Libertador, eran claras: «vencer o morir, el combate debe ser hasta el fin».
El inigualable Comandante de Ayacucho decía a sus hombres esa noche: «Soldados, de los esfuerzos de hoy pende la suerte de América del Sur. Otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia».
Amaneció y cerca de las 9 de la mañana comenzó el combate que duró hasta mediodía. No me atrevería a hacer un resumen de tan imponente batalla, pero sí referiré que al día siguiente el Gral. Sucre escribe a El Libertador y comienza como se copia de su carta ut supra. Le informa, entre otras importantes cosas, de los premios que concedió a los más destacados y termina su carta, como nadie lo haría igual escribiendo:» Por premio para mí, pido que U. me conserve su amistad.
De U. siempre, mi General,
Su afectísimo amigo y obediente servidor: A.J. De Sucre»
No importa, mi infinito Gran Mariscal, que los pueblos no lo recuerden porque lo verdaderamente importante es que lo que hacemos en esta vida retumba en la eternidad.
Usted bien dijo que los pueblos eran ingratos en carta a El Libertador, y aborrecía los negocios de los políticos a quienes mucho le ha interesado que se olvide su infinita grandeza.
Nadie podrá soslayar, que en sus tiempos donde el honor tenía tanto sentido como la vida misma, bien valía la pena tan magna gesta por el honor y la libertad que son la gloria de El Libertador y de usted.
El Libertador dijo: Ayacucho es la cumbre de la gloria americana y del Gran Mariscal dijo: «El General Sucre es el padre de Ayacucho, es el redentor de los hijos del Sol, es el que ha roto las cadenas conque envolvió Pizarro al imperio de los incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco Capac y contemplando las cadenas del Perú rotas por su espada.
En el cielo de América siempre brillaron, brillan y brillarán dos estrellas: una es Bolívar y la de al lado Sucre, ningún continente ha sido distinguido con tal grandeza.
De la Orden de los Caballeros de Fénix



