Venezuela enfrenta una crisis estructural de la salud en medio de cambios políticos

Caracas.- En enero de 2026, la situación de salud en Venezuela se define por una profunda crisis estructural, agravada por transformaciones en el panorama político nacional. La emergencia sanitaria se manifiesta en múltiples dimensiones que afectan directamente a la población y al sistema médico-asistencial del país.
Colapso de la infraestructura y servicios
Gran parte de la red hospitalaria y ambulatoria se encuentra en estado crítico, con instalaciones al borde del colapso o declaradas “no operativas”. La escasez de insumos básicos y medicamentos alcanza niveles alarmantes, con déficits estimados entre el 80% y 90%. A esto se suma la falla sistemática de servicios esenciales como agua, electricidad y transporte, así como la reducción del personal capacitado en un 50%, lo que impide el funcionamiento regular de los centros públicos de salud.
Iniciativas gubernamentales: Plan por la Salud y la Vida 2026
El 13 de enero, la presidenta encargada Delcy Rodríguez anunció el lanzamiento del Plan por la Salud y la Vida 2026, una estrategia que busca fortalecer la atención integral y recuperar la infraestructura médico-asistencial. El plan contempla la atención e inauguración de 75 nuevos centros hospitalarios y la activación de alianzas público-privadas para ampliar la capacidad del Sistema Público Nacional de Salud.
Desafíos epidemiológicos y nutricionales
La inseguridad alimentaria afecta a cerca de un tercio de la población, en niveles moderados a graves, lo que repercute directamente en los índices de desnutrición y enfermedades asociadas. La alta mortalidad por causas prevenibles —como infecciones tratables o enfermedades inmunoprevenibles— evidencia la falta de acceso a servicios básicos y vacunación oportuna. Además, el financiamiento público destinado a salud representa apenas el 1.4% del PIB, muy por debajo del 6% recomendado por la Organización Mundial de la Salud.
Un contexto de crisis humanitaria
La salud pública en Venezuela se ha convertido en un imperativo ético ante una crisis de gobierno. Diversas organizaciones internacionales y locales advierten que la atención médica de calidad es prácticamente inaccesible para el ciudadano común sin incurrir en gastos “no oficiales” o endeudamiento extremo. La situación exige respuestas urgentes, sostenibles y centradas en la dignidad humana.



