Sumar… Sumar


Está más que claro que el presidente electo de Colombia no reconozca la legalidad de la dictadura en Venezuela. El triunvirato que controla el poder de facto en nuestro país solo es tomado en serio como gobierno, y por ahora, únicamente por el Departamento de
Estado de Estados Unidos, que lo dejó al cuido.
Y todo ello, a pesar de la doctrina Trump: limpiar la mugre de “dictadura bananera” que han dejado, luego de llevarse a «Narcolás» por narcotraficante.
América no haya cómo acomodar la indecible situación de control total que ellos ejercen sobre el régimen criminal de Caracas y a los enormes recursos del país, con la búsqueda que Venezuela mantiene desde hace tres décadas por volver a ser libre.
Así, mientras en Venezuela está creciendo el Producto Interno Civil, los gobiernos de aquellos países que están asistiendo a los venezolanos afectados por los terremotos tienen perfectamente claro que “lo político”, o sea: las tenebrosas condiciones en las
cuales tienen sumida al grueso del país, la dictadura no han variado; más bien a cada instante se pone peor.
Si la comunidad de inteligencia de Estados Unidos se creyó que los terremotos, la crisis humanitaria y el tremendo desgobierno de aquellos rufianes podrían haber sido útiles para posponer las necesidades de cambio real en el país, tienen una lectura muy equivocada de cómo somos los venezolanos.
¡Venezuela es como un cuero viejo: lo pisas por un rincón y se hincha por el otro lado!
A pesar de los codazos la resistencia, la oposición honesta y la oposición electorera están empezando construir una agenda en común: la constitución de una junta de gobierno, o gobierno de emergencia, que avance en la extirpación de la porquería del
siglo XXI e inicie la reinstitucionalización del país.
Las estupideces que dice Jorge Rodríguez tienen tanta solidez y aguante como las columnas rellenas de anime y goma espuma de las tantas edificaciones que se derrumbaron en el país, hechas por la Gran Misión Vivienda Venezuela.
El triunvirato no tiene capacidad ni poder, ni mucho menos moral de ningún tipo para diferir el inicio serio y real de los cambios políticos que se tienen que llevar a cabo en Venezuela.
Las desgracias de los terremotos han sido otro capítulo más de la destrucción de país a manos de aquellos rufianes. Ya no estamos en 1999 con la vaguada de Vargas…
Ya no hay nada de nada que esperar de aquellos hijos de puta, se agotaron, como hace años agotaron a toda una nación.
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