Venezuela: La hora de las instituciones

Alfonzo Bolívar / Venezuela RED Informativa.us
Durante años, el debate venezolano ha estado dominado por una pregunta: ¿quién gobernará Venezuela?
Sin embargo, los acontecimientos recientes sugieren que la pregunta verdaderamente importante es otra: ¿Bajo qué reglas será gobernada Venezuela?
La diferencia parece sutil. No lo es.
El reciente comunicado del Departamento de Estado de los Estados Unidos, emitido tras la reunión entre Jorge Rodríguez y Dinorah Figuera para discutir una agenda orientada hacia una transición democrática, contiene un mensaje político de enorme profundidad que muchos han pasado por alto.
Lo más llamativo del documento no es lo que dice.
Es lo que no dice.
No habla de elecciones presidenciales.
No habla de candidatos.
No habla de liderazgos individuales.
No habla de quién ocupará Miraflores.
Habla de instituciones.
Habla del Consejo Nacional Electoral.
Habla de garantías políticas.
Habla de libertades cívicas.
Habla de reconstrucción democrática.
En otras palabras, habla del tablero antes que de los jugadores.
Durante demasiado tiempo Venezuela ha sido interpretada exclusivamente como una disputa por el poder. Desde esa perspectiva, cada acontecimiento es analizado bajo una única lógica: quién gana y quién pierde.
Pero las sociedades no se reconstruyen únicamente cambiando gobiernos.
Las sociedades se reconstruyen restaurando las instituciones que permiten que los gobiernos funcionen.
Esa es precisamente la lección que dejaron algunas de las transiciones democráticas más exitosas de la historia contemporánea.
La experiencia de Sudáfrica demostró que la estabilidad no surgió de la victoria absoluta de una de las partes, sino de la construcción de reglas aceptadas por todos.
Las democracias de Europa del Este entendieron que el desafío no consistía únicamente en reemplazar a los gobernantes, sino en transformar los sistemas que habían permitido la concentración del poder.
La historia demuestra una realidad incómoda para quienes esperan soluciones inmediatas:
Las transiciones exitosas rara vez son protagonizadas por héroes.
Son protagonizadas por instituciones.
Venezuela ha sufrido durante décadas el deterioro progresivo de sus mecanismos institucionales.
La pérdida de independencia de los poderes públicos.
La politización de organismos fundamentales.
La erosión de las garantías electorales.
La destrucción de la confianza ciudadana.
La utilización de los servicios públicos como instrumentos de control político.
Todo ello ha contribuido a debilitar la capacidad del Estado para servir eficazmente a los ciudadanos.
Por ello, cualquier proceso serio de transición necesariamente debe comenzar por reconstruir aquello que fue debilitado.
No basta con celebrar elecciones.
Las elecciones son indispensables en toda democracia, pero las elecciones por sí solas no garantizan la democracia.
La verdadera legitimidad surge cuando existen árbitros confiables, instituciones independientes, libertades protegidas y reglas claras para todos los actores políticos.
Ese parece ser precisamente el mensaje que comienza a emerger del nuevo enfoque internacional hacia Venezuela.
Por primera vez en mucho tiempo, el énfasis parece desplazarse desde las personas hacia las estructuras.
Desde los liderazgos individuales hacia las instituciones permanentes.
Desde la confrontación hacia la reconstrucción.
Algunos interpretarán este cambio como una señal de lentitud.
Yo lo interpreto como una señal de madurez.
Las naciones que han logrado superar profundas crisis políticas no lo hicieron mediante improvisaciones.
Lo hicieron construyendo consensos mínimos que permitieran garantizar estabilidad, gobernabilidad y confianza.
La transición venezolana, si ha de ser duradera, deberá seguir una lógica similar.
Eso implica diálogo.
Implica negociación.
Implica concesiones recíprocas.
Implica comprender que ninguna fuerza política podrá reconstruir el país por sí sola.
La verdadera tarea histórica no consiste simplemente en determinar quién ejercerá el poder.
La verdadera tarea consiste en definir cuáles serán las reglas que impedirán que cualquier futuro gobierno destruya nuevamente las instituciones nacionales.
Ese es el desafío que enfrenta Venezuela.
Y ese es, probablemente, el mensaje más importante que muchos todavía no han comprendido.
Porque cuando una nación comienza a discutir seriamente cómo proteger sus instituciones antes que cómo repartir el poder, la historia ya ha comenzado a cambiar de dirección.
Venezuela necesita líderes.
Pero necesita instituciones aún más.
Los líderes son temporales.
Las instituciones son las que permiten que una nación sobreviva a sus líderes.
Y en esta etapa decisiva de nuestra historia, esa diferencia puede determinar el futuro de varias generaciones de venezolanos.
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