CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Es por las malas

Todos los caminos conducen a pensar que Venezuela con marchas, listas y hasta con una sociedad bien arrecha no sale por sí sola de esas alimañas. Hay una sola verdad en esta historia: la situación del régimen de Maduro es un asunto de naturaleza policial.

Una mafia de delincuentes y hampones, con profundísimas ramificaciones y soportes en los gobiernos más oscuros del mundo, han tomado control de todas las capas de la institucionalidad y de todas las palancas del estado venezolano.

Hace añales que Venezuela no tiene gobierno; Venezuela es operada por bandas de hampones dedicados a todo tipo de delitos. Con controles locales basados en el terror, la persecución de la disidencia y una serie de alianzas blandas con docenas de países cuyos gobiernos son muy torcidos, el régimen hace con el pueblo venezolano, con Venezuela y con todos sus recursos, lo que le da la gana. “Eso” está ya muy hablado.

Solo que, a partir del viernes 10 de enero y de la payasada de Maduro con sus secuaces, ha quedado finalmente desenmascara ante todo el mundo lo que realmente sucede en Venezuela.

Aquellos que no lo crean o tengan dudas de esta realidad, están del lado de los que se hacen los pendejos; simplemente porque les interesa o porque les conviene hacerse los tontos.

Ya hemos pasado una y muchas veces por los acuerdos para elecciones “justas y limpias”. Por sistemas electorales suficientemente probados como fraudulentos. Hasta llegar al momento en el cual, con un baúl de actas electorales totalmente verificables, Edmundo barrió el piso con Maduro el 28 de julio sin ninguna duda, y no hay cambio alguno que se produzca en el país.

Así las cosas, el colombiano se autoproclamó como dictador. O sea: el tipo echó tierrita, cogió su guante, su bate, su pelota y se declaró ganador de la última estupidez electoral que él mismo organizó. Le guste a quien le guste. A lo Juan Charrasqueado.

Como siempre nos recuerda Diosdado para mantener muy desanimado al país: “ni por las buenas ni por las malas dejaremos el poder en Venezuela”.

Yo creo que esta historia que está demasiado contada, llegó ya a su llegadero. Dejemos a un lado las pazguatadas de muchachos participantes en modelos de negociación escolares.

En Venezuela, para salir de esos hampones, solo hay una forma posible: por las malas.

Yo pienso que llegó la hora, el momento y el lugar de pensar en colectivo cómo vamos a echar del país a toda esa gentuza a través del uso de la fuerza.

La paz de la cual el régimen tanto habla es la paz del chantaje. La paz del “aguanta callado” mientras unos pocos se tragan al país. Es la paz de la ley del embudo: ¡todo para ellos!

Es la paz de los sepulcros.

Es más, soy de los que creen que aquellos que todavía estén en el propósito de negociar lo que esas cucarachas nunca van a negociar, ni mucho menos ceder, de acomodar lo que ellos jamás van a acomodar, deben ser ubicados en la acera de los que se están devorando a nuestro país.

O los consideramos como cómplices de las cucarachas del siglo XXI o sufrimos de idiotez colectiva. Ya no hay medias tintas.

Si hace más de 200 años un tipo como Simón Bolívar se hubiese quedado “negociando” en Venezuela con un asesino como Monteverde, aun seriamos una colonia de España.

Dejémonos de vainas: el fervor patriótico no se quedó en el siglo XIX, ni solo vive en los libros de historia de bachillerato. ¡Tocó, toca y tocará otra vez!

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