El Fogón de la Editora

18 AÑOS DE FARSAS

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Ya son 18 años de la monumental trampa que resultó ser el referéndum revocatorio en contra de Hugo Chávez: el 15 de agosto de 2004. Ya es mayorcita de edad la sucia componenda que, cambiando de la noche a la mañana los resultados electorales, atornilló en el poder a esta gente en Venezuela, para que continuaran su obra de destrucción nacional hasta estos días.

Hace 18 años las calles de mi país de nacimiento estaban atestadas de votantes. De gente, mayores y jóvenes, de familias enteras que hicieron de la opción constitucional, del instrumento del referéndum revocatorio, una fiesta de la democracia.

Era nuevo, era inédito, era maravilloso para todo mi pueblo, tener la posibilidad por primera vez en toda su historia de revocar, de sacar a un presidente de la república en ejercicio, sin disparar un tiro, sin tener que bañar de sangre a todo el país con otro golpe de fuerza, con otro golpe de estado.

En ese momento las grandes mayorías de venezolanos pensamos ingenuamente que un país organizado y hasta la coronilla de un mal gobierno y de un peor gobernante, podía sacar por las buenas, de forma democrática y ejerciendo el voto, a un individuo que había demostrado suficientemente ser un vulgar farsante.

Ese día tú le preguntabas a cualquiera que estuviera parado en las inmensas colas o saliendo de votar, y todo el mundo, pero todo el mundo, te decía que había votado en contra de Chávez. Era una avalancha, un deslave. Si alguna vez Chávez había cautivado los sueños de los venezolanos, ese día la gente, el pueblo, estaba desesperado por despertarse de esa pesadilla y no tenerlo más como presidente del país.

Venezuela, mayoritariamente, quería que Chávez y sus monigotes se fueran. Por las buenas; como alguna vez Venezuela imaginó que podía rescindir el contrato de servicio de un presidente en medio de un mal gobierno. Y les puedo asegurar que el venezolano mayoritariamente se paró frente a aquellas máquinas que ya le producían mucha suspicacia, felices, contentos ante la certeza de poderse deshacer de aquel loco del carrizo, de aquel error de la historia, usando cada quien un solo dedo.

Durante todo ese día las encuestas a boca de urna no cambiaron su patrón de resultados, mostraban lo mismo que decía la gente con la que tú hablabas en las colas y adonde quiera que fueras: el rechazo era increíblemente superior a la opción de la permanencia de Chávez en el poder.

Por la noche del domingo 15 y para la madrugada del lunes 16 de agosto, con los centros de votación cerrados y todo el proceso cumplido, estos desgraciados desayunaron a todo un país con una gran mentira: Chávez, por un margen incierto de votantes totalmente inexistentes, había ganado el referéndum en su contra.

Un ratico, muy poquito le duraron las dudas a la Coordinadora Democrática sobre la certeza de los resultados del triunfo del gobierno, sacado de un sombrero. La gran mayoría de los factores de la oposición venezolana, arrastrada y malandrosa, selló el embuste con el régimen “supuestamente” triunfador en las urnas y aquí no pasó nada. ¡Y así fue!

A partir de ese momento se aceleró la migración de los venezolanos de las clases medias, la fuga de talentos, capitales y ganas, que lentamente aceleró el vaciado del país, hasta dejarlo con casi 8 millones de personas menos. ¡Sin más comentarios!

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