Ahora sí: ¡En la unión está la fuerza!


Venezuela está clarita: ¡Venezuela no se deja embromar! El régimen sigue montando todas las maldades que le indican que hagan sus asesores cubanos. Todas aquellas que medio les han funcionado por casi tres décadas. Las que les inventan sus eternos jalabolas. Y ninguna de ellas puede con la pasión del venezolano en salir a cobrar el triunfo electoral de Edmundo del 28 de julio.
El miedo no alcanza. Los más de 2.000 presos y detenidos no son suficiente. Los lapsus y ambigüedades de ciertos gobiernos que hoy dicen una cosa sobre el fraude electoral en Venezuela y mañana dicen otra completamente diferente, tampoco quita el sueño. Con los voceros de la Unión Europea que están más pendientes del destino de los negocios de sus grandes compañías petroleras y de gas con el dictador y la dictadura, no hay nada que hacer. ¡Pena es lo que les debería dar!
Con todo eso y mucho más, el régimen no consigue la llave para estropear el ánimo colectivo, que está mayoritariamente en su contra. ¡Es que hace más de 200 años fue igual!
Nadie nos paró, ni nos ayudó, ni tampoco nos hicieron caso. Solos, patiquines y patas en el suelo, a pulmón hicimos la libertad, construimos una república independiente. Nos la quitaron dos veces y la volvimos a recuperar. Jamás paramos. Jamás tiramos la toalla.
Somos obcecados y fastidiosos.
¡Ah!, y cuando entendimos que solos no era posible mantener la libertad por mucho más tiempo, salimos a invadir a un imperio, a liberar naciones y a crear un enorme estado federal a prueba de quienes fueran. Ese es nuestro ADN, la venezolanidad, como respondió una vez el doctor Uslar Pietri.
Eso no pasó en la Luna, ni en Venus. Eso ocurrió en Venezuela. Porque estamos hechos del mejor acero. Estamos amasados con maíz amarillo para las arepas blancas que nos comemos todos los días. Con los muchachos más valerosos. Las mujeres más hermosas del mundo, pero también las más arrechas. Los hombres que se juegan hasta lo que no tienen por volver a vivir como merecen, como siempre habían vivido hasta que llegaron esos ladrones con el cuento de hacer a todos iguales; pero más iguales entre ellos que con los demás.
Con una nación así, con un pueblo de esa naturaleza, solo se necesita el empujón de un liderazgo realmente comprometido para salir de esta pesadilla. Mucha paciencia y no desfallecer.
¡Venezuela: palante, es un futuro sin Maduro y sin sus rufianes en el país!
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