Creados por un solo Dios


Por más arreglos ocultos que puedan existir, así como por los peores chistes malos que pueda Diosdado hacer sobre la batería de aranceles implementados por el presidente Trump para el resto del mundo, las cucarachas del siglo XXI no la van a tener fácil con los Estados Unidos de estos tiempos que corren.
La sola prórroga de la condición del TPS sobre los migrantes venezolanos bajo la protección de América por los siguientes 18 meses, se puede considerar como un inequívoco mensaje positivo del gobierno federal norteamericano a favor de la Venezuela buena.
Deseo suponer que ello apunta al compromiso hemisférico que sé que tiene este país sobre la recuperación de la democracia y de la calidad de vida robada a todos los venezolanos por los pillos del siglo XXI.
Y de poder hacer algo bueno, decente y digno por Venezuela, ¿quién mejor que Donald Trump con su inquebrantable odio virulento por los saqueadores de oficio que controlan a nuestros países?
¿Muy en particular en contra del temible gobierno del partido comunista chino, que no arruga en vociferar a los cuatro vientos su aspiración de controlar al mundo?
Lo confieso: paso de la decepción a la recuperación diaria de mis esperanzas para que llegue ayuda para nuestra gente.
Y es que no veo otra salida a la espantosa crisis de hambre y mengua en que viven en este momento las grandes mayoría dentro de mi país, sin pasar por la mano amiga de los Estados Unidos de Norteamérica.
La colaboración de este gran país es vital, fundamental, para arrebatarle a Venezuela de las pezuñas de los chinos, los iraníes, los rusos y los cubanos que se rifan a diario los recursos y el destino de todos los venezolanos que se encuentran atrapados en Venezuela.
Deseo pensar que en la pelea colosal en la cual se ha metido la América de Donald Trump no solo se trata de hacer de «América Grande Otra Vez», sino de defender también los valores con los cuales nos hemos formado, hemos creído y sobre los cuales nos hemos matado por siglos los hombres y mujeres de Occidente, CIVILIZACIÓN JUDEO CRISTIANA del planeta Tierra en contra de toda forma de opresión.
No somos ni asiáticos, ni árabes. Llevamos impreso en nuestro ADN la impronta de la individualidad y del respeto sagrado por todos y cada uno de los seres humanos.
No nos vemos como “un bojote”, ni como una “maquinaria social”. Nos miramos como lo que somos: seres humanos únicos, inimitables e irremplazables. Creados por un solo Dios, con huellas dactilares y códigos genéticos de cada uno.
¡Ellos no…! Por eso, todos aquellos que estamos honestamente del lado correcto del “asunto” Venezuela, no debemos decir ni mucho menos pararnos en tonterías. Todos, pero todos, sentimos de nuevo un fresquito en el alma: ¡no nos han dejado solos!
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