El Fogón de la Editora

APOCALIPSIS EN EL MEDIO ORIENTE

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

El dictador en Venezuela no pierde una sola oportunidad para ladrar su solidaridad con el oscuro régimen de Irán. Mientras, los líderes iraníes ya no muestran recato alguno sobre su interés en construir armamento atómico para vaporizar a Israel. Y el mundo contempla boquiabierto el feo tamaño de aquella amenaza, y la de sus “ahijados” regados por Oriente Medio que funcionan como lapas enfermas con Teherán.

Un régimen sin escrúpulo alguno que lleva casi 50 años manteniendo a todo su pueblo escondido en la más oscura Edad Media, para dedicarse a la maldad y al terror internacional como oficio, está bajo fuego. Y así como el uranio que sirvió para ser enriquecido como armamento llegó a Irán en aviones de Conviasa, tampoco los delincuentes de Caracas hacen ahora mayores esfuerzos por continuar ocultándolo.

¡Están por su cuenta!

Además, quienes conocen de esos “chismes” saben que el uranio y todo tipo de materiales radiactivos poseen una huella dactilar; una marca de origen. Y el que ha sido utilizado por los científicos alemanes, suizos, franceses e iraníes, quienes son los que han desarrollado el programa atómico de Irán, saben que es «Hecho en Revolución»: extraído de Venezuela.

Y lo cierto es que ya no queda mucho que ocultar. Las grandes potencias petroleras del Medio Oriente, aunque suelten lágrimas de cocodrilo por el país de los ayatolas, seguramente no paran de brincar en una pata. Nadie en esa parte del mundo, ni en muchas otras, deja de darle las gracias a Netanyahu por el “favorcito” que le acaba de hacer a la humanidad.

Dejar a los iraníes sin la posibilidad, por muchos años, de chantajear con el terror atómico a quien sea, bien vale un puesto en el cielo para todos los judíos que estén involucrados en esa guerra. Sin embargo, todavía los drones y los cohetes, los aviones de guerra y las bombas, tanto inteligentes como brutas, continúan surcando los cielos entre Israel e Irán.

Pareciera que no falta mucho para que el infierno se desborde y riegue con crudo y con gas a medio mundo. Y el resto del planeta continúe aun por mucho tiempo más de cabeza. El asunto es que todo ese apocalipsis tiene que alcanzar a los grandes amigos de Teherán que ahora, en Caracas, les da por quemar banderas del estado judío y una que otra norteamericana, como por no dejar.

Este espantoso conflicto, que afortunadamente hasta ahora los hebreos han sabido felizmente mantener como una guerra todavía convencional, tiene que mojar a Maduro, Diosdado, Padrino y a la estructura de complicidades que desde hace añales sostiene el régimen de Caracas con el muy sombrío régimen de Irán.

Hay un Dios en los Cielos, y la justicia sobre la maldad con toda seguridad, se repartirá pareja. Entre el estruendo de las bombas y el fuego que produce la pólvora, muchos esperamos que el régimen de Irán caiga, y que empuje la salida del peligrosísimo enemigo que está tan cerca de Estados Unidos, como es la dictadura de Maduro. Ambos, hace años, tienen un sitio escogido en los anales del horror y de las cuentas que rendir a la humanidad.

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