EFECTO DOMINÓ

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us
Ayer martes, que fue el día en que escribí «El Fogón de Editora» que sale hoy, 18 de junio, llevo dos días con los ojos pelaos, mirando los precios de las materias primas que mueven al mundo.
Y aunque el viernes pasado estuve de síncope, como medio planeta, ante el inicio de hostilidades entre Israel e Irán, y vi como los precios del petróleo escalaban por el ascensor de las amenazas de la escases, la cosa parece que ha empezado, por primera vez, a cambiar.
De hecho ya el lunes por la madrugada, con los usos de horarios y negocios de Asia y de la zona del Pacífico ya funcionando, vi como los precios que quedaron el viernes atrapados en lo más alto comenzaron a bajar como piedras.
Los dos tipos de crudos marcadores, el Brent y el Texas, no solamente detuvieron el crecimiento de sus precios. ¡Es que empezaron a bajar! Pero, ¿qué pasa acá?
Brokers y analistas apostaban a una escalada que supuestamente llevaría el crudo por encima de los 100 dólares el barril. ¡Y todavía, a Dios gracias, no ha sido así!
Y es que resulta que con la sola amenaza del régimen de Irán de “echarle candela al Medio Oriente” y cuatro o cinco de las estupideces con que nos tienen ya acostumbrados, pareciera que no es suficiente para que el mundo ya ande en muletas.
Inclusive el precio del oro, el refugio natural que todo inversionista busca para protegerse de los aguaceros financieros de los mercados en mal tiempo, ¡empezó a bajar!
Es que estos dementes de Teherán ya no cuentan con los hutíes para que cierren a punta de piratas, fuego, cohetes y drones ni el Estrecho de Ormuz, ni algún otro rincón del Mar Rojo, por donde pasa más de la mitad del petróleo y de la carga que circula por los mares.
Es que los fulanitos de Hamas y Hezbola cada vez están más “limitados” dentro y en las fronteras de Israel. Siria, aparentemente después de la salida de Bashar Al Asad, está en “otro propósito”. ¿Entonces? ¿Qué les queda a los ayatolas? Digo, ¿aparte de mil maldiciones mal extraídas del Corán y pataletas histéricas? Todo hace pensar que esos siniestros individuos están llevando indefectiblemente hacia la ruina a ese país?
¿O Cuba, Nicaragua y Venezuela quedan para echarle un susto a sus odiados norteamericanos? Eso todavía nadie lo sabe. Pero de una cosa sí podemos estar bien seguros: a esos pajarracos que tienen destruido al pueblo iraní nunca les ha sido fácil hacer ellos mismos el trabajo sucio que tanto mandan a hacer a los cabeza-calientes que siempre se buscan para matar y para hacer diabluras por ellos.
Lo que soy yo me mantengo con el rosario en la boca. Mirando las noticias y con la fe puesta en que tengan su «efecto dominó».
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