Primero Venezuela


Sigamos hablando a “calzón quitao”, por la calle del medio. No pienso sumergirme en detalles pero, ¿cómo no estar agradecido con la administración de Joe Biden si dejó las puertas abiertas, las fronteras de par en par de este país para que pudieran entrar a Estados Unidos cientos de miles de venezolanos desesperados que fueron capaces de caminar desde la ciénaga del Darién, brincando por el resto de la América Central, hasta dar con sus penurias para tratar de pellizcar el “sueño americano”?
Cualquier venezolano que viva en este país, en las condiciones migratorias que sean, no puede dejar de reconocer, ni de agradecer, el tremendo empujón que se le ha hecho al pueblo de mi país en su carrera por escapar del régimen de Maduro.
¡Me incluyo en el lote!
Ni voy a mencionar que este país quedó como la Venezuela de los 70 y 80: full de gente que no fue invitada, ni programadas sus llegadas, que volvieron a Venezuela un relajo. Pero, insisto: ¡hablemos claro!
¿De qué le sirve al país, qué gana Venezuela, si por un lado se le acoge a sus nacionales huidos y se les brinda protección migratoria, si la misma administración Biden mantenía a la misma vez a la CHEVRON produciéndole plata al NARCO-RÉGIMEN para atornillarlo cada vez más en el poder?
¿O devolviéndole al tirano que nació en Colombia a sus sobrinos procesados como narcotraficantes en este mismo país; o le entregará al régimen de Caracas a rufianes de la calaña como el tal Álex Saab, un pillo peligrosísimo, por el cual pasan buena parte de los negocios que llevan a cabo los mafiosos que usurpan el poder en el Palacio de Miraflores?
¿O que manden a una marica con el fin de enamorar a Jorge Rodríguez, con altas credenciales de la Casa Blanca, para que busque la manera de dejar “las cosas como están”; y el petróleo venezolano que roban los enchufados en Venezuela y las petroleras norteamericanas hagan un realero con la sangre de todo un pueblo que cada día está más y más jodido?
Cuando uno ve las acciones emprendidas por Donald Trump destinadas a apretarle las tuercas al régimen de La Habana. Cuando, por la calle del medio, restringe las transferencias de dinero de individuos que tienen familiares en Estados Unidos para ayudar a sus pariente atrapados en la isla, empieza a ver luz al final del túnel.
Un porcentaje increíble de la plata que las familias envían a Cuba, pasa por la raqueta inclemente del régimen chulo y manganzón que administra La Habana.
Lo mismo que los pagos por “turismo”, casinos y putas que muchos norteamericanos consumen en La Habana cuando les da por hacer turismo de miseria. ¿Hasta cuándo, vale?
No es suficiente con los bandidos españoles con sus sistemas turísticos, cuyos trabajadores son cubanos en modo de semiesclavitud? ¿O con los canadienses, o con los francés y sus fabulosos clubes solo para ricos en un país donde lo que existe es miseria, pobreza y hambre?
Yo, Pablo Medida, aunque me toque salir a empujones de este país, prefiero que se multipliquen las acciones de bloqueo, las medidas de restricciones y la negativa a prestar ningún tipo de facilidades al régimen de Caracas, al de La Habana, al de Managua, al de Teherán y a todos aquellos albañales donde funcionan esos criminales de estado que controlan los gobiernos de esos países.
¡Sin que me queda nada por dentro! ¡Pelo a pelo! De esa manera, y no creo equivocarme, mi exilio tendría, con el favor de Dios, un tiempo de expiración bien corto.
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